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14 noviembre 2025

El Blog del Marketing

Padres e hijos. Hijos y padres. No hay una fórmula universal

Hace años, en 2016, escribí este post que encontré el otro día buscando entre los más de 3.800 artículos que he publicado desde que, en 2007, creara este rincón de reflexiones que, en algún momento fue un prestigioso blog de Marketing. 

Más allá de lo que fue o de los premios que gané cuando los blogs estaban de moda, me gusta en lo que se ha convertido. Aunque mi ego querría seguir teniendo esos más de 20.000 lectores al día y no los valientes 300 que me visitan en la actualidad, reconozco que me gusta la intimidad desde la que escribo. Hoy en día es una especie de diario. Es un lugar en el que de vez en cuando dejo mis dedos moverse por el teclado sin rumbo ni dirección, mientras sin saber cómo dejo de ser protagonista y me convierto en un mero espectador, a la espera del momento del clímax. Del final del post y los retoques necesarios antes de publicarlo, sabiendo que hay gente "en el otro lado" disfrutando de cada palabra, de mi escritura acelerada e incluso de mis errores. La vida misma, supongo.

Pero a todo esto... yo no quería hablaros de mí, o de cómo de vez en cuando me pongo a navegar por el blog de forma aleatoria y me sorprendo leyendo cosas de hace años que no recordaba (puedes llamarme Dori... es lo que soy). No. Esa no era la idea cuando he cogido el portátil y lo he puesto entre las piernas, mientras suena un tema de piano muy relajante en Spotify (ahora repasando el post, suena love of my life, de Queen)

Mi idea (y por eso el primer párrafo) era y sigue siendo hablaros de las relaciones entre padres e hijos. Quizás desde la óptica de tener 51 años de experiencia como hijo y 18 como padre, pueda dejar por escrito alguna reflexión que caldee algún corazón o, quizás, un recuerdo por escrito que puedan leer mis hijos cuando yo falte.. o mis padres (que no tengo muy claro si siguen leyéndome a estas alturas).

Los que me conocéis mejor sabéis cómo escribo. Los que estáis descubriéndome últimamente, intuyo que más o menos me vais calando, así que seguro que no os sorprende si os digo que voy a ir dejando por aquí ideas que rondan mi cabeza, y veremos si soy capaz de darle forma a medida que una palabra se junta con la anterior y con la siguiente. Allá van algunas cosas que pienso "en back" y que rescato ahora.


Autoridad vs Acompañamiento. Del trato de usted de nuestros abuelos a ser otro "bro"

padres de antes vs padres de ahora

Lo primero que quiero poner en valor es que los padres ya no somos vistos por nuestros hijos como nosotros veíamos a nuestros padres a su edad. Ya no digamos la forma en la que mis padres se relacionaban con mis abuelos. Lo que resulta evidente es que hay un punto de "respeto a la autoridad" que ya no está ahí. O al menos no está tan presente como yo lo viví, y creo que la culpa la tenemos los padres de ahora, que precisamente para acortar la distancia que impone el respeto que nosotros vivimos, hemos cruzado al otro lado y sin darnos cuenta, hemos sido vistos por los hijos como un colega más. Error. O quizás no, porque de camino se construyen relaciones de complicidad que son maravillosas, pero creo que como sociedad hemos perdido la tensión de la cuerda. Y quiero creer que la cuerda tiene que mantenerse tensa para cumplir su función.

Y dicen por ahí que lo cortés no quita lo valiente. Recuerdo perfectamente irme de vinos con mi abuelo Jaime en Torrelavega, o marcharnos los dos a ver el Tour de Francia a un bar en nuestros veranos en Playa América o Panxón. En esos momentos, no era mi colega. Era mi abuelo, pero un abuelo guay que siempre tenía las puertas abiertas para sus nietos. A su manera. Con su estilo, pero de un modo entrañable y auténtico, se dejaba querer y se acercaba a nosotros, siempre manteniendo esa distancia que da "la figura" de abuelo. Luego en casa, sus palabras eran respetadas por todos, y si tenía que reprenderte por algo que habías hecho mal, lo hacía con la autoridad ganada y concedida. Y allí no había más que hablar.

Cuando veo la relación de mis padres con mis hijos, veo cosas que yo viví. Veo ese respeto y admiración. Veo esa vuelta de tuerca de los abuelos para con sus nietos. Esas ganas de disfrutarles y de estar para todo, manteniendo la importancia de la figura por encima de todo. Educando pero sabiendo que esa tarea nos corresponde a nosotros. ¿Entonces? Ah... espera. Entonces los que lo estamos haciendo regular somos nosotros, los padres. Principalmente porque los niños saben comportarse como nietos, pero frecuentemente se equivocan haciendo de hijos. Y no pasa nada, porque todos nos equivocamos, y de los errores se aprende. Pero para corregir comportamientos y darles herramientas para crecer, somos los padres quienes tenemos que poner de nuestro lado.

Huelga decir que no tengo un manual de instrucciones. Lo busqué cuando nació Jaime y al no encontrarlo, creo que incluso le pregunté por él a la enfermera que me puso a Lola en brazos a los minutos de haber nacido. Pero no. Puedo confirmar que al menos yo no lo encuentro por ningún sitio, y que supongo que (ChatGPT mediante) aprenderemos sobre la marcha. Prueba y error. A la vieja usanza.


El momentum. Los tiempos difíciles forjan hombres fuertes; los tiempos fáciles, hombres débiles.

tiempos fáciles

Quizás el momento que nos ha tocado vivir tenga algo que ver en la forma en la que nos interrelacionamos padres e hijos. Suena a excusa, pero quiero creer que algunos matices educacionales tienen que ver con las situaciones vitales que vivimos los padres y viven nuestros hijos.

Lo primero es que nosotros no hemos vivido ninguna situación crítica. Ni guerra civil ni el delicado proceso de la postguerra y la modernización de España de los 50 a los 70. Desde luego tampoco nuestros padres la vivieron íntegramente, pero si la sintieron más cercana. En primera persona o basada en las experiencias transmitidas por sus padres. Fueron años difíciles en general, y las prioridades eran otras. Prosperar, subsistir, sobrevivir incluso. 

Nosotros (hablo por mí, obviamente) tuvimos todo lo que necesitamos para ser felices. En todos los planos, incluido el económico o el de "necesidades cubiertas". Lo teníamos todo, pero de un modo controlado. La cultura del ahorro que tenían mis padres no la tenemos nosotros. Quizás porque ellos venían de una situación más modesta y llegaron donde llegaron con el sudor de cada día, y con la suma de sacrificios a lo largo de los años. Hoy nuestros hijos viven en una constante orgía de excesos. Tienen de todo y como padres no hemos sabido manejar la gestión de sus expectativas. No les hemos enseñado que las cosas cuestan. No hay una cultura del esfuerzo, porque hemos cometido el error constante de que a los niños "no les falten de nada". Y de hecho les sobran muchas cosas (entre otras, tontería).

La inmediatez se ha apoderado de nuestra sociedad, y somos los primeros culpables. Os voy a contar algo que recuerdo perfectamente de mi adolescencia, y que de algún modo he mantenido hasta ahora. Recuerdo perfectamente la ilusión que me hacía estrenar cosas. La ilusión con la que esperaba los regalos en Reyes o Navidad. O en mi cumpleaños. Porque los "regalos buenos", los que querías de verdad (y prácticamente el único momento para cierto nivel de excesos) tenían lugar en esas fechas. El resto del año, pan y agua, José Luis. Pan y agua (metafóricamente, por supuesto). Recuerdo perfectamente dormir con los regalos que más ilusión me habían hecho en la mesita de noche o a los pies de la cama, para jugar o para estrenarlo al día siguiente. Siempre he sido un poquito ansioso. Así soy.

Hoy en día, les compramos cosas según sale de su boca la frasecita de "quiero" o "necesito", Con un sentido crítico del exceso más bien inexistente, hemos construido pequeños monstruos que tienen de todo. Y cuando llega el momento de los regalos, tenemos que hacer malabarismos logarítmicos (cada año sensiblemente más complicado que el anterior) para mantener esa hoguera calentando la habitación en la que dicha orgía de excesos está teniendo lugar. Y el problema es que cuando estás subido en esa bici sin frenos, bajando la montaña... es difícil parar. Sobre todo si las cosas te van bien. Si no tienes problemas, siempre encontrarás ese peligroso "Why not?" que lejos de ayudar...

Y como dice mi madre. "Rezo para que te siga yendo bien, porque si algún día no es así... "(yo creo que igual que he aprendido a gastar porque tengo, podré dejar de hacerlo cuando no tenga... pero lo cierto es que, como algunas otras cosas, vamos a dejarlo en "veremos")


El tiempo, ese gran desconocido. La inexistencia del mañana y la nula planificación

Una cosa que me sorprende de mis hijos (y en general de su generación) es su pérdida de horizontes temporales. El mañana no existe. Son incapaces de planificar a un mes vista. ¿Qué digo un mes? Ni siquiera son capaces de planificar el fin de semana, o la semana que viene. Viven anclados en el hoy. En el día a día (como Rambo)



Bromas aparte, lo cierto es que seguramente fruto del punto anterior, relacionado con la inmediatez de las cosas, son incapaces de esperar por ellas, o de planificarse para conseguirlas. Y quizás en otro post (que este me está quedando muy largo) podamos hablar de la (nula) gestión de la frustración que tienen los muchachos.

Esfuerzo, resultados. Acción, reacción. Recuerdo muchísimas veces la frase de mis padres (por algún motivo se la atribuyo a mi padre, pero podría ser perfectamente mi madre quien me la dijera más veces, ya que era ella quien llevaba el mayor peso de nuestra educación :

Primero la obligación, y después la devoción

Que traducido al lenguaje moderno viene a ser algo como, primero lo que tienes que hacer, y si tienes tiempo, te dedicas a tus mierdas. Pero como en el chiste: si no hay brazos no hay galletas. Vamos, que si no te lo sabes no sales con tus amigos, que si no has estudiado, no vas al entrenamiento, que si no esto, entonces, tampoco aquello. Como soy un poco friki y trabajo en esto de los datos, vamos a darle una vuelta de tuerca al asunto:

ALTER TABLE salidas

ADD CONSTRAINT chk_estudio_previo

CHECK (

EXISTS (

SELECT 1 FROM estudios e

WHERE e.usuario_id = salidas.usuario_id

AND e.fecha_estudio = salidas.fecha_salida

)

);

O lo que viene a ser lo mismo (simplificado):



La fuente de la verdad. Internet (en el móvil) como el oráculo de la verdad

Esto bien podría dar para otro artículo, pero lo cierto es que tiene que ver con los tiempos que nos han tocado vivir, y la propia velocidad de la tecnología y el impacto en nuestra sociedad. Ya no hablamos de la inteligencia artificial en la que surfearán mis hijos con mucha más intensidad de la que lo haremos nosotros. Hablo simplemente del fenómeno de Internet.

Antes los padres éramos la fuente de la verdad y el conocimiento. Padres, amigos, abuelos, profesores. Y seguramente la enciclopedia Larousse o la Encarta para los que estudiasteis con un PC en vuestra mesa de estudio

encliopedia Larousse


Ahora ni siquiera Wikipedia sirve para hacer trabajos o estudiar. Ahora es la inteligencia artificial quien -por cierto- les está allanando el camino. Y siento insistir, pero para adquirir conocimiento hay que aprender a hacer las cosas por uno mismo. En mi trabajo siempre les digo a los nuevos que se aprende a base de cabezazos contra la pared. Han de pedir ayuda cuando sientan un reguero de sangre salir del chichón que tienen en la frente, pero no antes. Y no lo hago por comodidad, sino porque creo que el aprendizaje es más profundo y real cuando te enfrentas a ello desde abajo.

Lee, haz cálculos matemáticos con un boli y un papel. Programa SQL, prueba Python lo que te de la gana. Equivócate. Retuércete los sesos como hemos hecho todos. Al menos una vez. Soy consciente de que ahora todo se puede resolver por el camino fácil, pero recorrer el difícil te hace ser plenamente consciente de cuán largo (y tortuoso) será el camino. Porque no todos los caminos son llanos y sencillos. Si vas a la montaña te encontrarás un poco de todo (aunque prefieras un cómodo descenso con un 2% de pendiente negativa). Pues la vida es lo mismo, machote. Puedes usar la calculadora para multiplicar 12x13, pero si eres capaz de hacerlo de cabeza, ganarás en agilidad mental y en razonamiento matemático. 

Ya no se fían de lo que les decimos, porque la fuente de la verdad es Internet (bueno, y sus amigos, pero eso ya me pasaba a mí cuando creía saberlo todo con 17 o 18 años... mocoso). Ya si eso hablamos de las ventajas del "todo abierto" de Internet con respecto a determinadas conductas... por ejemplo sexuales. Los chavales se creen que el sexo es una orgía constante de 3x1, 2x1, y el aprovechamiento de todo tipo de orificios y el descubrimiento de todo tipo de situaciones. Otra liga, señores. Que sí, que sí... que seguramente me pilla lejos... pero intuyo que ahí habrá algún efectillo que otro. Llámame loco.

Entonces qué, ¿nos rendimos?

Nunca. Rendirse nunca es una opción. En ningún caso. Bajo ninguna circunstancia. Ninguna es ninguna. Nunca es nunca. Tenemos que coger los ingredientes que están encima de la mesa y tratar de cocinar con ellos. Las cosas son como son, no como nos gustaría que fueran ¿verdad? Si todo lo que quisiéramos ocurriera, la vida perdería algo de rock and roll. Desear las cosas está bien... sin que eso haga que el ansia se apodere de ti y amagues con rendirte. Aprende, asume tus errores y aprieta la mandíbula para gestionar las cosas lo mejor que puedas. Merece la pena el esfuerzo. Merece la pena la paciencia. 

Mira, ¿lo ves allí a lo lejos? ¿No sientes que algo está cambiando? Yo lo veo. Yo lo siento. Se pueden cambiar las cosas. Todo se puede cambiar (todo excepto la muerte, que tiene una solución regular). Así que lo dicho... se asumen las cosas, se toman los ingredientes y se cocina la mejor pizza que podamos. Porque nos toca vivir con estos ingredientes. Digamos que fue otro quien fue a la compra por nosotros, pero ahora no hay tiempo de lamentarse por no tener esto o aquello. Estos son los ingredientes, y no otros. Toca mover el culo, porque vivir es lo que hacemos mientras estamos vivos.


cielo
Este es mi pequeño rayo de esperanza


14 octubre 2025

El Blog del Marketing

Reflexión. Aprendizaje. Acción-reacción. Palo-zanahoria

¿Os habéis preguntado alguna vez cómo aprendemos los seres humanos? 

Siempre pensé que el aprendizaje es un proceso natural, que en una primera etapa, cuando desarrollamos nuestra personalidad, se basa en la observación de nuestro entorno.

Si cuando tienes 2 años vas a lo loco por la casa y te pegas cinco coscorrones con el pico de la mesa, la siguiente vez que pases por ahí, o en alguna de las siguientes, pasarás más despacio porque tu cerebro asocia el hecho de pasar como un loco en una zona concreta, con la situación (dolorosa) de llevarse un coscorrón.


Huelga decir que un bebé no lleva a cabo un proceso de reflexión para cambiar su comportamiento. Pero antes o después, lo cambia. ¿Instinto? Seguramente sea algo parecido. No es muy diferente la forma en que se educan a las mascotas. Un perro que hace pis en el salón, recibirá un estímulo negativo en forma de gritos, amenazas con el dedo, o algún que otro coscorrón (aún recuerdo a mi tío Manolo zurrando a sus perros con papel de periódico enrollado… y no eran chuchos precisamente. Eran dos doberman casi más altos que él). Después de hacer pis varias veces y darse cuenta que recibe estímulos negativos, o que cuando lo hace donde tiene que hacerlo los recibe positivos, el perro termina aprendiendo. Y es evidente que un perro de esos que ladran, tiene cuatro patas, rabo y un montón de pelo, no tiene capacidad de reflexionar.

Palo y zanahoria. Esímulo negativo si falla y la esperanza de uno positivo si su comportamiento es el esperado por su dueño. Los perros bien educados aprenden rápido. Por eso es importante que haya un buen amo y un buen perro. Pero en los casos en los que no se dan ambas premisas, terminan aprendiendo de un modo más lento pero, a medio y largo plazo, igualmente efectivo.

Yo siempre he presumido de tener la capacidad de tomar decisiones de forma más o menos instintiva. Sin ser consciente de reflexionar como tal. No me quedo “tostao” y digo, venga Pedro, reflexiona sobre esto. ¿Por qué hacerlo? ¿Por qué no? ¿Cómo hacerlo diferente? ¿Qué te hace sentir esto o aquello? Quizás por comodidad o por puro desconocimiento, creo que no tengo esa habilidad que otras personas tienen. Se me ocurren varios ejemplos de personas que conozco y a las que admiro, que tienen ese don. Yo tengo otros (cazar moscas o acertar con la gente con apenas 2 minutos de conversación y mierdas de ese tipo). Pero lo cierto es que no soy una persona reflexiva, y quizás si lo fuera…

Me equivoco. Mis errores tienen consecuencias. Mis errores afectan a otros. Personas a las que quiero. Y asumiendo que no he sido capaz de reflexionar previamente a dichos errores, ¿soy capaz de hacerlo después? Se supone que, como he dicho en los primeros párrafos de este extraño post escrito a bordo de un avión entre Berlín y Madrid, los seres humanos aprendemos copiando conductas en una fase inicial, y con estímulos positivos y negativos después. Acción reacción. Gestión del fallo, y asunción de las consecuencias. Me pasa a mí y le pasa a Dora la Exploradora. Le ocurre al ser humano.

Pero no debe ser tan sencillo, ¿verdad? Porque si lo fuera, cuando cometes un error, no vuelves a cometerlo. Porque después del palo, viene la reflexión y la consecuente acción para corregir tu comportamiento. ¿Acaso se supone que un perro bien educado empezará a mearse en medio del salón cuando tenga ya diez años? Sería raro. Pero dicen que las personsa somos los únicos animales que tropezamos dos veces con la misma piedra. 


arrastrado


Me pregunto qué es más fuerte para una persona. Su forma de ser y de actuar o el efecto del aprendizaje a lo largo de los años. Un perro puede ser ansioso y juguetón. Puede ser inquieto y morder a su dueño de forma natural, pero es capaz de obedecer, y una correa tensa le hace sentir que se espera algo distinto de él. Un palo le hará comportarse distinto la próxima vez. Pero se supone que las personas tenemos la capacidad de pensar y reflexionar. Solo que cuando no es algo que tenemos naturalizado, cuesta. Cuando no tenemos creado el hábito, cuesta decir, “venga, voy a pensar sobre esto o sobre aquello”.

¿Conocéis los procesos en back? Son como las aplicaciones que dejamos abiertas en el móvil o en el portátil y que siguen consumiendo recursos “por detrás”, aunque tú estés usando otra aplicación. Aplicación cuyo rendimiento, por cierto, se verá comprometido por esas otras ventanas que tienes abiertas y que tu mente ha olvidado para centrarse en la aplicación primaria, como estoy haciendo yo con este post. Siempre he pensado que yo pienso en back. Quizás sean “reflexiones de baja intensidad. No lo sé, pero joder… si tengo 51 años y no soy consciente de haberme puesto a pensar / reflexionar sobre nada o casi nada, solo caben dos posibilidades:

O soy imbécil, o tengo otra forma de reflexionar. 

Y… yo qué sé. No me gusta pensar que soy imbécil, porque además creo que no lo soy. O no mucho. Pero cierto es que como todas (o muchas de) las decisiones que tomo en mi vida surgen de “forma natural”, casi espontánea y sin procesos de reflexión profunda y conciencuda, pues será que pienso en back. O que soy gilipollas, que ahora que lo pienso, también puede ser.

En fin. Sea como fuere, aquí queda mi “reflexión de andar por casa”. Y permitidme que os desvele un secreto, porque a lo mejor os pensáis que llevo rato rumiando estas palabras. Reflexionando este post.

No funciono así. Quizás te parezca extraño, pero simplemente coloco los dedos sobre el teclado y las palabras van apareciendo una tras otra, a velocidad de vértigo. Llámalo x. Me da igual una cosa que la contraria. Ah, y por cierto, no me gusta revisar lo que he escrito, salvo para corregir alguna expresión que cuando lo leo una segunda vez, siento que sonaba distinto en mi cabeza, y que en ese corto viaje que une cerebro-dedos-pantalla, ha debido traspapelarse o tomado vida propia. Como el Demogordon de Stranger Things. Toma paranoia. Chúpate esa. Gratis total.

Y ahora, si no os importa y en vista de que estoy empezando a decir tonterías, voy a reflexionar sobre alguna que otra cosa, aprovechando que todavía me quedan dos horas de vuelo. ¿Veis como nunca es tarde para aprender? 

Guau, guau, guau.


11 julio 2025

El Blog del Marketing

La edad me persigue... pero yo soy (algo) más rápido

deportista


Los pocos amigos y conocidos que sigan leyendo este blog saben como soy, y al menos a grandes rasgos podrían hacer un "retrato robot" de mi personalidad. Mis cosas buenas y mis cosas malas. Mis luces y mis sombras. Entre otras cosas, porque soy (o pretendo ser) transparente, y no tengo problema en mostrarme tal y como soy, para lo bueno y para lo malo.

El caso es que hoy quería hablaros sobre la persistencia. En concreto me gustaría poner en valor la energía extra que tenemos dentro cuando perseguimos un sueño. Cuando vamos detrás de algo que nos apasiona, pasando por encima todos los obstáculos que se nos pongan por delante. Luchando hasta el desaliento, sin pensar en rendirse, porque dicen que para atrás, ni un paso. Si acaso para coger impulso.

Estoy seguro, querido lector, que si ahora piensas en gente que lo está pasando mal, te vendrán a la cabeza mil personas. Pero seguro que tienes alguien importante a quien te gustaría ayudar a que no se rinda. A que siga luchando por lo que quiere. A que persiga sus sueños y lo haga -a pesar de todo- disfrutando del camino. Dicen que vivir es lo que ocurre mientras estamos vivos, así que mejor aprovechar la vida que lamentar la situación que nos toca vivir.

Pero me estoy desviando del tema. ¿Por qué será? Y hoy venía a contaros un trocito de mi vida, y una reflexión que ha saltado a mi cabeza un viernes de Julio, sentado en una silla y sintiendo un mordisco constante en mi espalda, con el que llevo lidiando un par de meses. Huelga decir que todo lo que vayas a leer a partir de ahora no es comparable con ninguna situación límite, pero lo cierto es que podrás percibir de fondo un aroma a resiliencia en mis palabras. Recuerdo esos aviones que en verano sobrevolaban la costa de Praia América, en mis veraneos con mi familia y amigos. Yo soy ese avión del que caían paracaidistas o pelotas de playa de Nivea. 

Siempre me ha encantado el deporte, y he competido con cierta seriedad y durante muchos años a baloncesto y natación, pero también estuve en clases de tenis, jugué muchísimos años al padel, hice judo (como todos los niños de mi generación), running, golf, squash, bicicleta de montaña, senderismo  y un montón de cosas más. El deporte es algo necesario en mi vida. Como el agua. Como el oxígeno que respiro, y en cierto modo, podría afirmar que siempre me ha acompañado a lo largo de mi vida, diría que desde los 5 o 6 años.

Y quizás debido a eso, o simplemente a que vengo con defectos de fábrica, las lesiones me han perseguido desde que dejé de tener un cuerpo como el de mi hijo, y una resistencia a prueba de bombas. Además de los múltiples esguinces típicos del baloncesto, a los 24 me rompí el ligamento externo del tobillo derecho. Quirófano y otra vez a las canchas. Pero tanto baloncesto empezó a pasarme factura y sentía dolor en las rodillas a la vez que una creciente sensación de "este deporte ya no es para mí", y comencé a jugar al padel como si me fuera la vida en ello. Recuerdo perfectamente la época del máster. Quedábamos al menos dos días entre semana más otros dos en fin de semana, y jugábamos partidos competidos e intensos. Yago, Ricardo, Miguel, Peter y yo. Alguna vez jugaba Álvaro, otras Pablo... o gente que encontrábamos por ahí. Disfruté muchísimo de esos 6/8 años de padel... incluso llegamos a federearnos y todo... hasta que me rompí el tendón de aquiles de la pierna izquierda en 2006 (con 36 años).

La recuperación del tendón daría para escribir un post, pero lo resumiré en que me fui a Cantabria para operarme allí y recuperarme en el chalet de la playa, tumbado en una hamaca y disfrutando de mis padres y de mi abuela en ese verano que nunca olvidaré. En Septiembre volví a Madrid y me incorporé de nuevo al trabajo, pero no podía hacer deporte, pues mi pierna izquierda se parecía más a mi brazo que a mi pierna derecha. Comencé a recuperarme y, para hacer algo mientras tanto, empecé a dar clases de golf... y como era de esperar, me enganché también a este deporte, que estuve practicando con frecuencia hasta que en agosto de 2007 nació Jaime. Tocaba concentrarse en otras cosas, ya que el golf requiere de mucho tiempo, que no estaba dispuesto a "desperdiciar" en algo tan bonito como el nacimiento de tu primer hijo.

A falta de golf, y a pesar de que mis piernas no eran (ni son) simétricas en musculatura, empecé a correr. Una actividad que nunca me había gustado, porque siempre he dicho que a mí lo que me gusta es competir. Ganarle a alguien porque soy más hábil, más listo, más resistente, más rápido... pero ese componente de "luchar contra otro" (y a ser posible ganar) siempre me ha motivado muchísimo, y en eso de correr... había tanta gente que no podía centrarme en quién era mi rival... porque todos no podían ser. Pero a pesar de no sentir que estaba compitiendo contra nadie específicamente, me enganchó correr. Venga, vale. El rival soy yo, y todas esas mierdas. Y en cierto modo, resulta ser cierto, aunque no tiene el mismo grado de excitación que ganarle a un amigo porque le haces una dejada o metres un triple en su cara y te quedas mirándole, con una sonrisa de cabrón asomando por un lateral.

Primero carreras de 5k, luego de 10k, y de pronto, con mi primo Antonio y con varios amigos, me vi haciendo medias maratones. Primero Aranjuez y a partir de ahí, Córdoba, Sevilla, Valencia, Santoña, Madrid, y muchas más... hasta que me rompí el menisco de la rodilla izquierda, aunque seguí corriendo un tiempo, y a los dos años, el de la rodilla derecha. Y entonces, fui a varios especialistas reputados en este maravilloso mundo de la medicina deportiva. Gente como el Dr. Leyes, el Dr. Celada o el Dr. Villanueva coincidieron en desaconsajarme la operación, si bien alargaría mi actividad deportiva, me daría guerra a futuro.

Venga, vale. Descartamos también lo de correr. Mmm... Jaime tiene ya 15 años. ¿Y si vuelvo a intentar jugar a golf, que no parece que sea exigente a nivel muscular y me gustó cuando lo descubrí? Dicho y hecho. Tuve la suerte de que mi amigo Guillermo fue profesor y en unos meses (más bien un año), me puso al día y empecé a jugar. Cada vez más y a pesar de que la espalda protestaba con cierta frecuencia, intentaba no hacerle mucho caso y seguía jugando, y jugando. Pero hace unos meses me acerqué a la Clínica de Navarra a que me hicieran resonancias, radiografías... porque el dolor llegaba a ser invalidante. No podía estar sentado mucho tiempo o incluso en el trabajo hacía algunas reuniones de pie.


"No tienes nada mal, pero tampoco hay nada bien"

radiografía columna


Esa fue la frase que me dio la traumatóloga que evaluó mi espalda. Una conclusión que, por cierto me alivió en parte, porque estaba convencido de que tenía una hernía o algo parecido, ya que de tener dolor cada día, pasé a tener mucho dolor cada día, y la diferencia para quien está acostumbrado a vivir con ello, es significativa. Pero seguí jugando, y hace un mes me fui con Ricardo y Miguel a jugar al golf a Benidorm. Yo iba jodido de la espalda. El día anterior fui al fisio a ver si me "arreglaba", y esa misma mañana cruzó por mi cabeza la realidad de que quizás no podría aguantar, porque me dolía bastante.

Cuatro hoyos fueron suficientes para entender mi nueva realidad. En el segundo golpe del hoyo 4, haciendo el swing de prácticas, la espalda me pegó un trayazo tremendo. Casi me caigo al suelo, y sentí un dolor hiper intenso que subía de las lumbares hacia el cuello, y bajaba por mi pierna. Me apoyé con el hierro 8 que tenía en las manos y cuando recuperé la compostura, cogí la bola y me dirigí al buggy para quedarme esperando a mis amigos tomando el sol en la piscina. Pero me insistieron y, la verdad es que habíamos ido hasta allí solo para jugar, así que decidí intentarlo. Y aguanté con mucho dolor al principio y algo menos a medida que mis músculos calentaron... y no gané por que el último putt se quedó a escasos 4cm del hoyo, pero ya la vuelta a Madrid la hice en los asientos de atrás del coche de Miguel, tumbado boca arriba.

Desde ese día, estuve tres semanas sin jugar, con sesiones de fisio semanales, pero no parece que haya mejorado, y vivo con bastante dolor. Pero el otro día, hablando con un amigo que me preguntaba cómo andaba con la espalda, y yo le contesté un "no me duele demasiado"... y ahí fui consciente de que me duele y me va a doler durante una temporada (si no siempre). Así que ayer jueves, cogí los palos y fui a probarme al campo de pith&putt del Olivar de la Hinojosa. En un campo de juguete, y sin poder extrapolar nada en cuanto a resultados, fui capaz de cumplir mi handicap (19) sin un dolor limitante, así que intentaré que este famoso "VeranoMemorable" incluya el golf. Con o sin dolor. Porque además, me espera la Ryder con mis amigos el primer fin de semana de Octubre, y no quiero jugarlo drogado con Enanthyum y Nolotil los tres días.

Sea como sea, lo que cruzó mi mente y quería compartir es que con o sin dolor. Con o sin agobios. Con las cosas bajo control o en un perfecto desorden, vive y disfruta de lo que tienes... no de lo que no tienes. Porque, una vez más... la vida es lo que hacemos mientras estamos vivos. Yo pienso seguir haciendo deporte, aunque termine jugando a la petanca o al dominó.

What about you?

03 abril 2025

El Blog del Marketing

Soy un viejoven y un joviejo. Puta edad

Amo la música y, como con el deporte, creo que no podría vivir sin ella. Estoy anclado en los 70, en los 80, o quizás en los 90. Pero no me rindo. Sigo escuchando música nueva cada día, pero precisamente a diario me reafirmo en el tipo de música que me gusta. Me gusta el Rock and Roll, me gusta el Indie, y quizás algo de Pop según el día que tenga.

También me flipa el piano, desde niño y últimamente combino sin rubor algo de Blues y una lista de distribución de Peaceful Piano o cualquier disco de Brian Crain (que si no le conoces, te animo a escuchar mientras lees un buen libro o mientras escribes un post, como estoy haciendo yo ahora mismo).

En mi búsqueda incesante de música utilizo mucho la función "radio" de Spotify. Gracias a su algoritmo he descubierto a muchos grupos que me gustan. Y si te estás preguntando si eso me ha ayudado a variar mi gusto musical, lamento decirte que no. Me reafirma sobre la música que me gusta, y soy feliz en mi pequeña jaula de cristal, descubriendo alguna joya de vez en cuando y compartiéndola con mis amigos musiqueros de Torrelavega. Sí, los que en el 50 cumple de Greñas (y de todos los que no tuvimos el valor que tuvo él), nos plantamos en El Leyendas, nuestro "garito de referencia" desde hace muchos años, y nos pusimos a dar un concierto con muchos de nuestros amigos, después de ensayar concienzudamente durante meses (sobre todo los legendarios miembros de la Dirty Mon y los añadidos)... pero esa es otra historia, llena de nostalgia y emoción. Y también de Rock and Roll. De nuestro Rock and Roll.

En fin, que hoy quería contaros otra cosa y, como casi siempre, me estoy liando. Supongo que es lo que tiene escribir sin guión y sin repasar. Ese "escribe fácil" que algún lector nuevo opina tras leer un post de un cariz completamente diferente a este que estás leyendo ahora, es el que me lleva a dar vueltas alreldedor del sol, sin terminar de encontrar nunca la mejor pista para aterrizar mi nave.

Venga, va... Recalculando ruta. Solo dos cosas más antes de contaros la mini reflexión de hoy.

La primera, que en esa búsqueda incesante de nueva música, he descubierto en el último año a un par de grupos que creo que destacan sobre los demás, y ya que estoy aquí, pues lo comparto contigo, y ya decides si les das una oportunidad como les di yo, o pasas de este muchacho y sus pajas mentales.

Santero y los muchachos ha sido mi grupo de cabecera durante 2024, y quizás también de lo que llevamos de 2025. No son muy famosos, ni tienen 20 años. Son un grupo de cincuentones valencianos que tocan lo que ellos mismos denominan como Rock reposado, y que -en mi opinión- tienen una frescura, un estilazo y un flow que me tienen completamente enganchado. Quizás para ti no sea relevante que un grupo se cuele entre los más escuchados de un año musical. Son muchos días al año. Diría que escucho música todos los días y a casi todas las horas, y Santero se ha ganado a pulso un hueco en mi discografía personal, desbancando a mis clásicos. Los Ronaldos, Pereza, Leiva, Coque Malla, Tarque y MClan, los Rolling Stones, ACDC, Ariel Rot o en los últimos años a grupos como Love of Lesbians, Sidonie, Lori Meyers, Supersubmarina o muchos otros que año tras año ocupaban las posiciones del podium y que en este 2024 se han echado a un lado para que pueda escuchar a Santero y los muchachos.

Y a modo de anécdota, os diré que no les descubrí gracias a la función "radio" de Spotify, sino a un post de Instagram de Coque Malla, que por cierto, estuvo viéndoles en el concierto que dieron en el Teatro Barceló y al que tuve la suerte de acudir hace algunas semanas. Espectacular. Simplemente delicioso. 

La segunda cosa que os quería contar (estaréis aburridos de leerme y seguramente os preguntáis por qué coño no cuento lo que había venido a contar, pero lo siento... Soy así) es que hay grupos que descubres y escuchas una y otra vez, haciendo girar sus canciones en tu cabeza y llevándote a la época en la que fueron compuestas y tocadas por primera vez, y que luego... Cuando les escuchas en directo, te das cuenta de que tenías que haberte quedado ahí. En los discos de estudio, o en los discos grabados en directo en su momento. Estirar el chicle no es buena idea, salvo para llevar un plato caliente a la mesa, supongo. Cuando la necesidad aprieta o la nostalgia te atrapa, imagino que eres menos exigente contigo mismo. Eso le pasó a Diamond Dogs, una banda sueca de los 90 que me atrapó y que me dejó caer al suelo el día que escuché gritar a su cantante en un concierto en la Sala Clamores. ¿He dicho gritar? Ups, sí. Una lástima, porque siguen sonando a Rock and Roll con un toque punky que me gusta... pero definitivamente el cantante no ha envejecido igual que los músicos.

Venga, va. Voy a contaros la reflexión de garrafón que me ha venido a la cabeza hace un ratito ya y que compartí con mis amigos los musiqueros en nuestro grupo de Whatsapp.


Hoy sale a la venta Gigante, el nuevo disco de uno de mis músicos favoritos; Leiva. Y cada vez que uno de mis músicos o de mis grupos favoritos saca un nuevo disco, mi mente activa una cuenta atrás invisible que me llena de ilusión y que en cierto modo me hace volver a mis 17 años, cuando entraba en alguna de las tiendas de discos de Torrelavega con cualquiera de mis amigos y nos llevábamos a casa de mis padres o de los suyos el vinilo de turno, para tumbarnos en la cama a escucharlo, leyendo las letras y emitiendo juicios de valor instantáneos que tenían "valor ley" para nosotros.

Pues sí, estoy nervioso. Estoy con ganas de escuchar el disco de 14 canciones a pesar de que ya he escuchado hasta la saciedad los cuatro singles que ha compartido en Spotify. Entonces, he pensado (a las 11 de la noche):

Molaría quedarme hasta las 12 de la noche (hora a la que sale el disco) y escucharlo tranquilamente. Y luego he pensado, si tuviera 25 años, me pondría a escuchar música bien alta mientras me tomo dos o tres cervezas y estrenaría el disco escuchándolo hasta que lo terminara, bailando en el salón y disfrutando de unas cuantas Estrellas Galicia bien frías. Y me metaría en la cama un poco borracho pero feliz.

Pero no. Estoy mayor para esas cosas. Los niños están durmiendo desde hace un rato y no tengo ninguna gana de despertar mañana con la sensación pastosa en la boca y la cabeza de "medio lao" por haber ingerido "calorías vacías". 

Hay que ser gilipollas, la verdad. Calorías vacías nunca puede ser una forma de hablar de la cerveza. Es más, debería ser obligatorio escribir la palabra CERVEZA con mayúsculas. Joder, qué ganas me están dando de apurar estos tres minutos que ahora quedan hasta las doce de la noche y volver a ser el Pedro de hace unas décadas. El que hacía las cosas sin pensar y llevado por lo que le apetecía.

¿Sabes qué te digo? Que al carajo el día de mañana. Perdona que corte de esta forma tan abrupta esta mierda de post que me ha salido, pero me quedan segundos para disfrutar del nuevo disco de Leiva, y un poquito menos para tomarme la primea Estrella del fin de semana.

Que duermas bien, como lo haré yo!!

24 mayo 2022

El Blog del Marketing

El tiempo. Esa vara de medir de dos velocidades

tiempo

Se supone que el tiempo, medido en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años, lustros, decenios, o como queramos medirlo, es una medida universal e inalterable.

De hecho, según Wikipedia, el tiempo es una magnitud física con la que se mide la duración o separación de acontecimientos, y aunque su unidad básica según el sistema internacional sea el segundo, lo cierto es que esos segundos, o conjuntos de segundos (en minutos, horas o en otras medidas secundarias), pasan diferente según nuestro estado de ánimo o según la actividad que estemos realizando.

Y a la vez, estoy diciendo una estupidez, porque empíricamente cada segundo tiene la misma duración, pero a nuestra cabeza, y según las circunstancias, podemos identificar perfectamente que duran más o menos.

El ejemplo más típico y que seguro (o espero) que habéis vivido alguna vez es lo rápido que se pasa el tiempo cuando estás con alguien a quien quieres. Estás enamorado y puedes pasar 5 horas (18.000 segundos) con esa persona que te vuelve loco, y te parece que apenas llevas 10 minutos. Sin embargo, pasas las mismas 5 horas en un hospital y te parece que han sido dos días, porque tu sensación es que el tiempo transcurre a dos velocidades.

Y lo curioso es que las relaciones son inversas. El tiempo es inversamente proporcional al placer. 
A un tiempo constante (pongamos por ejemplo esas 5h) cuánto más disfrutas y más a gusto estás, más corto te parece. Y viceversa.

Imagínate pasar una horacon alguien a quién estás deseando conocer . Se te pasan volando, ¿verdad? Cuando mires el reloj y veas que ya han pasado 50 minutos no te lo querrás creer y mirarás al cielo pidiendo que el tiempo vaya más despacio.

Sin embargo, compara esa misma hora con la situación que puedes vivir en la cola de un centro comercial. Te parecerá un infierno, y mirarás el reloj pensando que algo no funciona... que no puede ser que lleves esos mismos 50 minutos, que te parecen dos horas.

Y es que el tiempo, si bien es una medida física e inalterable, se mide de forma distinta según nuestro estado de ánimo. Y si no lo crees, fíjate lo rápido que se te ha pasado leer estas líneas... será que te ha gustado leerlo y que estás de acuerdo conmigo.