Me ha encantado el spot de Aguila que da el pistoletazo de salida al verano de 2022. Siempre hablamos en El blog del Marketing sobre la apertura oficial del periodo estival. Y últimamente, las cervezas están quedándose con ese privilegio.
Pero este año, además de la cerveza sin filtrar, Águila ha hecho un spot muy chulo especialmente pensado para aquellos que no se conforman. Para aquellos que estén pensando en darle un giro a su vida.
Supongo que las personas forjan su carácter en base a sus experiencias y vivencias. Somos trocitos de nuestra propia historia. Desde que nacemos, cada uno de los momentos que vivimos y que observamos a nuestro alrededor van forjando nuestro carácter; van moldeando ese trozo de barro amorfo hasta convertirlo en lo que somos en nuestra época adulta.
Eso no significa que esa figura en la que nos convertimos, se convierta en "la figura" definitiva. A poco que hayáis tenido infancia, recordaréis que basta un poco de agua sobre cualquier figura de barro para poder moldearla un poco más. Seguramente no puedas hacer una palangana si tienes en tus manos un jarrón, pero hay matices de nuestra personalidad que pueden cambiarse. Matices sobre los que trabajar, para reforzarlos o atenuarlos.
Y justo aquí quería llegar, así que tengo que agradecer a mis dedos veloces, que me hayan traído hasta aquí de una forma casi casual. Quería hablaros del esfuerzo. Del afán de superación que en mi opinión va detrás de cada objetivo. Puede que no tenga siempre que ver esfuerzo y afán de superación, porque puedes esforzarte por responsabilidad, por cumplir un objetivo o simplemente porque es parte de tu carácter, porque te viene de serie.
Pero no vayáis a pensar que soy un ejemplo de esfuerzo y superación. O mejor dicho, no lo soy en todo lo que hago, porque lo cierto es que hay cosas para las que no contemplo otro camino que el del esfuerzo, el sacrificio... Hasta la extenuación. Hasta no tener un gramo de fuerza.
Por poner un ejemplo, me pasa con el deporte. No sé hacer deporte a medio gas. Nunca he podido. Cuando competía en natación llegaba acalambrado porque me dejaba el alma en la piscina. Recuerdo también perfectamente las pretemporadas de baloncesto, en las que cruzaba el umbral de casa de mis padres y me dejaba caer sobre la alfombra empapado en sudor e incapaz de mover un músculo. Cuando andábamos en bici igual, en las caminatas interminables por Picos de Europa y en muchas otras cosas.
Para lo que me gusta, no tengo límites. Aprieto los dientes y no sólo me esfuerzo. Necesito superarme. Sentir que mejoro. Sea cuál sea mi progresión y sea cual fuera el límite al que conseguí llegar mi objetivo era mejorar, y la tenacidad y el esfuerzo el camino para lograrlo. Huelga decir que hay una mezcla entre actitudes y aptitudes, pero asumiendo que las aptitudes más o menos están ahí, la diferencia (salvo en el profesionalismo, aunque diría que también) está en la actitud para afrontar las cosas. Para aprender de los momentos buenos y de los malos. Para mirar siempre hacia delante e intentar mejorar.
Y esto ocurre en todos los aspectos de la vida que podáis imaginaros. Quiero ser mejor amigo, mejor padre, mejor marido, mejor trabajador, mejor hijo… es mi forma de ser, y no sé por qué soy así, ni cuáles fueron las piezas de mis experiencias vividas u observadas que hicieron que el puzzle encajase de esta forma. Imagino que mis padres tuvieron un impacto significativo a la hora de modelar ese trozo de barro. También mis profesores, entrenadores, amigos, novias, compañeros… todo suma.
Pero no todo es tan bonito como parece, y reconozco que no siempre tengo esa actitud, y a veces me dejo llevar por la “pereza” mirando hacia otro lado. ¿Por qué lo hago? Pues porque a veces hay cosas que duelen e igual que soy un especialista en ver siempre el vaso medio lleno, lo soy de escapar de lo que duele. De mirar hacia delante y esquivar el golpe. Como si eso lo hiciera desaparecer. Como si no existiera. Me escondo. Meto la cabeza debajo de la tierra como si fuera un avestruz y no afronto las cosas con las que no me siento cómodo. Aquellas que no me gustan.
Y es curioso, porque hasta hace poco ni siquiera era plenamente consciente de esta actitud, y hoy puedo decir que no me siento orgulloso de ella. Poner las manos en mi cara para taparme los ojos durante unos segundos, no hará que el problema desaparezca. Imagino que es lo malo de ser adulto. Toca afrontar las cosas y no hacer como si no estuvieran. Aparentemente deja de existir a mis ojos… pero salvo que haya algún mago en la sala, lo normal es que esa situación no se volatilice… en algún momento aparecerá y entonces, no será un detalle menor, sino un “merdé” en toda regla.
Dejadme que os ponga un ejemplo (de los muchos que podría poneros). En el trabajo soy como en la vida misma. Todos mis compañeros desde que empecé a trabajar podrán confirmar que en el trabajo soy igual que en mi vida. Soy lo que soy. El mismo. Quizás no sea lo más “formal”, pero opino que ser natural y auténtico es algo bonito, y me comporto en todos los sitios tal y como soy. Al que le guste bien. Y al que no, también.
Pues os estaba diciendo que a lo mejor un día ocurre algo en el trabajo que me roza y me deja una marca en mi espalda. Pero mi capacidad para esquivar las balas hace que enseguida me coloque la camisa, vuelva a erguirme y mire hacia delante con cara de “aquí no ha pasado nada”. Pero seguramente al tiempo ocurra otra cosa que no me guste, o una situación que no es la que me esperaba y de pronto, siento como si un látigo me hubiera golpeado de nuevo. Apenas me ha rozado. Pero escuece y deja marca. Pero no pasa nada, vuelvo a colocarme y a mirar hacia delante.
Y de pronto, un día me doy cuenta de que voy por la mañana al trabajo y me siento un hombre gris, cuando no lo soy (recordad que he dicho unas líneas arriba que soy un tipo optimista, alegre, natural…) Y ese día no lo veo. No sé qué es lo que me hace estar desmotivado. Qué me hace estar triste. Qué me hace pensar en cambiar de trabajo. ¿No lo sé? Lo sé y no lo sé. Porque no resolver esos asuntos en su momento, han dejado unas marcas que sorprendentemente han ido creciendo… y donde había un arañazo, o un latigazo, hay un surco del que es imposible salir.
Así que, mi pequeño aprendizaje de hoy es que está fenomenal esforzarse y tener ganas de ser un 10 en todo, pero si algo lo estás dejando pasar porque duele, entonces no serás un 10. Enterrar las cosas no hace que desaparezcan, porque donde enterraste ese trocito de hueso, termina creciendo un árbol. Un árbol negro que acabará atrapándote con su sombra en los días de sol.
Esfuérzate, y si duele, solo es cuestión de intentarlo un poco más. Mira dentro, y si encuentras algo así recuerda remangarte y agarrar el toro por los cuernos. No hay otro camino.
Por cierto, como "bonus track" os dejo esta canción que siempre ha sido una de mis favoritas. ¿Adivináis de qué habla?
Para generar más notoriedad después de los sucesivos atrasos para estrenar la tan ansiada cuarta temporada de Stranger Things, Netflix ha decidido demostrar lo global de su influencia y anunció recientemente que varias "grietas" se abrirían en algunas de las ciudades más importantes del mundo... en un aviso a navegantes de que la nueva temporada ya está cerca.
De hecho, os dejo también el tráiler de esta cuarta (y última) temporada, que podremos ver muy pronto en España y en el resto del mundo de forma simultánea.
Desde luego que veo el tráiler oficial y se me hace la boca agua, pero aquí hemos venido a hablar de la acción de exteriores a nivel mundial tan chula que Netflix va a llevar a cabo, y que tendrá impacto en ciudades como New York, Madrid, Singapur, Barranquilla y muchos otras ciudades del mundo.
Estoy seguro que la acción está a la altura de la serie, porque después de más de dos años de espera, reconozco que tengo muchas ganas de disfrutar de esta última temporada.
Os dejo un vídeo que encontré con las reacciones de los fans de la serie en diferentes ciudades del mundo. Creo que es mucho más explicativo que las imágenes que dejo a continuación.
Si como yo, eres fan de Stranger Things, creo que lo suyo es que compartas esta original acción de Marketing con tus amigos y conocidos en los botones que verás aquí debajo. Te lo agradecerán.
Curioso como Linkedinse ha convertido cada vez más en fuente de contenidos. Lo que antes encontrabas en Facebook o Twitter, también puedes encontrarlo en Linkedin, aunque esta red social profesional pueda estar alejándose de su concepto inicial, pero enriqueciéndose a la vez con otros tipos de usos, alejados de ser el punto de encuentro entre empresas y candidatos.
En esta ocasión, y como por arte de magia, me he encontrado con esta bonito anuncio de Leche Pascual que ha llamado poderosamente mi atención y que quería compartir con vosotros. No creo que sea uno de esos anuncios que llamen la atención de la gente como para convertirse en viral, peo sin embargo, creo que su normalidad y lo cotidiano del mismo, hace que destile un toque nostálgico que ha llamado mi atención suficientemente como para compartirlo con todos vosotros.
Es evidente que desde Leche Pascual no solo quieren darle ese toque familiar y nostálgico al anuncio televisivo, y que intentan "naturalizar" un poco más el consumo de leche, sin suscribirlo únicamente a la época de la infancia y el crecimiento. Pero sea como fuere, me gusta la aproximación y cercanía del anuncio.
El cine siempre ha sido fuente de inspiración para que las marcas puedan aprovechar el engagement que la gente tiene con determinados personajes de ficción y hacer que preste más atención a un anuncio determinado por el hecho de usar a dichos protagonistas.
A mi me pasó anoche. Estaba viendo la tele (o mejor dicho, tenía la tele de fondo) y mis sentidos se pusieron alerta con una banda sonora y unos personajes que inmediatamente me resultaron familiares. Levanté los ojos de la pantalla de mi portátil para comprobar por qué me sonaba lo que estaba escuchando. Era un spot publicitario del nuevo ID.Buzz de Volkswagen, pero lo que llamó mi atención no fue el coche en sí. Lo que me hizo saltar del asiento fue ver a R2d2 y a C3PO interactuando, ver pasar una nave en los inhóspitos paisajes de cualquiera de las películas de Star Warso escuchar unos acordes de una banda sonora tan identificable.
Y eso es lo que hace que de pronto, durante unos segundos, te des cuenta de que eres fan de una saga, y de que todo lo que se relacione con ella, merece tu atención.
Y para muestra, este post. Porque el anuncio en sí es el de cualquier coche. Pero mi atención la generó la música y los ruiditos clásicos de R2d2. Y eso ha hecho que hoy estés leyendo este post y -espero- tengas ganas de ver el anuncio en cuestión.
Así que si (como yo) eres fan de Star Wars, seguro que te gusta este anuncio y seguro también que estás deseando ver la serie de Ovi-One Kenobi a partir del 27 de Mayo en Disney Plus. Yo la intentaré ver desde el mismo día de su estreno... y esto tengo que agradecérselo a VW y a su spot del ID.Buzz.
Se supone que el tiempo, medido en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años, lustros, decenios, o como queramos medirlo, es una medida universal e inalterable.
De hecho, según Wikipedia, el tiempo es una magnitud física con la que se mide la duración o separación de acontecimientos, y aunque su unidad básica según el sistema internacional sea el segundo, lo cierto es que esos segundos, o conjuntos de segundos (en minutos, horas o en otras medidas secundarias), pasan diferente según nuestro estado de ánimo o según la actividad que estemos realizando.
Y a la vez, estoy diciendo una estupidez, porque empíricamente cada segundo tiene la misma duración, pero a nuestra cabeza, y según las circunstancias, podemos identificar perfectamente que duran más o menos.
El ejemplo más típico y que seguro (o espero) que habéis vivido alguna vez es lo rápido que se pasa el tiempo cuando estás con alguien a quien quieres. Estás enamorado y puedes pasar 5 horas (18.000 segundos) con esa persona que te vuelve loco, y te parece que apenas llevas 10 minutos. Sin embargo, pasas las mismas 5 horas en un hospital y te parece que han sido dos días, porque tu sensación es que el tiempo transcurre a dos velocidades.
Y lo curioso es que las relaciones son inversas. El tiempo es inversamente proporcional al placer.
A un tiempo constante (pongamos por ejemplo esas 5h) cuánto más disfrutas y más a gusto estás, más corto te parece. Y viceversa.
Imagínate pasar una horacon alguien a quién estás deseando conocer . Se te pasan volando, ¿verdad? Cuando mires el reloj y veas que ya han pasado 50 minutos no te lo querrás creer y mirarás al cielo pidiendo que el tiempo vaya más despacio.
Sin embargo, compara esa misma hora con la situación que puedes vivir en la cola de un centro comercial. Te parecerá un infierno, y mirarás el reloj pensando que algo no funciona... que no puede ser que lleves esos mismos 50 minutos, que te parecen dos horas.
Y es que el tiempo, si bien es una medida física e inalterable, se mide de forma distinta según nuestro estado de ánimo. Y si no lo crees, fíjate lo rápido que se te ha pasado leer estas líneas... será que te ha gustado leerlo y que estás de acuerdo conmigo.
Anoche estuvimos cerca de ganar el festival musical de Eurovisión por tercera vez en nuestra historia, después de que las últimas décadas nos hayamos acostumbrado a lamentables actuaciones y lucháramos por quedar entre los 10 últimos año tras año.
TERCEROS, ¡y no por la cola!
Después de más de un lustro luchando por ascender de unas posiciones nefastas tras unas actuaciones tan lamentables como poco Eurovisivas, anoche ocurrió. Alcanzamos el podio, rozando el tan deseado micrófono de cristal.
Sin embargo, este año nuestra representante Chanel, después de un pequeño lío con connotaciones políticas en la selección de candidatos en Benidorm, del que ahora -felizmente- no nos acordamos, ha estado a punto de hacer historia con una interpretación memorable.
Reconozco que no me gustan este tipo de concursos musicales, porque además la música que elige cada país está muy lejos del tipo de música que me gusta. Pero a mi mujer y a mi hija les gusta, y por una cosa o por otra, llevo dos o tres años tragándome Eurovisión.
El caso es que ayer lo vimos (como casi 10 millones de españoles) y me pareció que Chanel lo hizo increíble. Aunque la canción no fuera santo de mi devoción, sé reconocer cuándo cumple con los que yo pensaba que eran los requisitos de ese tipo de concurso internacional, Buena puesta en escena y un tema alejado de los estándares de los trajes de flamenco y el cante jondo.
Además, el ritmo de Slomo (Slow Motion) n, muy festivalero, ayudó a que fuera muy bien recibida por el público. Y por encima de todo, en mi opinión, la actuación de Chanel y sus bailarines, que fue un auténtico espectáculo propio de cualquiera de las intérpretes femeninas de fama mundial. Fue espectacular y de una fuerza arrolladora.
Y de muestra, dejo aquí dicha intervención.
Pero a la hora de las votaciones, Eurovisión es un compendio de concurso musical, colegueos entre países vecinos y de sentimientos de afinidad geográfica o cultural. Y este año, en el que lamentablemente estamos viviendo la guerra de Rusia contra Ucrania, las votaciones han tenido un marcado cariz político y social.
Me parece bien que nos solidaricemos con Ucrania, pero un festival internacional de música no me parece el foro adecuado. Estoy convencido que de no haber ocurrido lo que ocurrió gracias al Hijo de Putin, España hubiera ganado, porque se vio que fue el país que más votos musicales recibió por parte del público.
Así que, toca esperar a un año en el que no ocurran cosas raras para intentar ganar.
Mientras tanto, mi enhorabuena a TVE y a Chanel por representarnos tan dignamente.
La relación entre padres e hijos cambia y evoluciona desde el momento en el que como padres jóvenes, tenemos a un bichito de menos de 50cm en nuestras manos, y nos damos cuenta lo frágil que puede ser la vida.
Un niño recién nacido hace saltar muchos mecanismos de los que desconocías su existencia. Desde el momento en que lo ves por primera vez, sientes la máxima expresión de la palabra AMOR, con mayúsculas. También sientes el peso de la responsabilidad, porque por algún motivo que desconozco, ninguno de los recién nacidos que he visto en mi vida (propios o de amigos) vienen con un manual de instrucciones debajo del brazo. Y eso pesa, porque no tienes ni idea de qué hacer para que todo siga su curso y el bebé crezca sano.
Los retos a los que te enfrentas como padre son variopintos. Desde la alimentación hasta la higiene, pasando por el sueño (caballo de batalla de casi todos). No sabes por qué llora, ni por qué no come. No entiendes cómo puede tener hambre a todas horas, ni por qué no es capaz de dormir del tirón, como todo hijo de vecino.
Luego viene la etapa en la que comienzan a reaccionar a tus payasadas, y te das cuenta que tu voz ya no es la misma. Has transformado tu voz varonil y rota en una especie de voz ridícula... pero no te das cuenta. Lo ves en los demás cada vez que se dirigen a tu hijo, pero no eres capaz de identificar el ridículo de tus expresiones y el tono de tu voz cada vez que lo haces tú.
También es un reto cuando comienzan a andar. Las riñonadas caminando por la calle e inclinándote para darle la mano y que no se caiga cada 5 pasos, o los sprints para evitar que se estampe contra la pared, la mesa baja del salón, las sillas que aparecen de la nada para ponerse en su camino... la verdad es que supone un reto a la concentración intentar que no se de cabezazos contra las cosas (cosa que, por otro lado, es prácticamente imposible)
No voy a continuar explicando lo que los padres hacemos por nuestros hijos, pero si os diré que llega un momento de su infancia en los que somos auténticos superhéroes para ellos. Con antifaz y con capa. Somos fuertes, guapos, divertidos, cariñosos, amables... somos protectores y somos lo más parecido a un espejo en el que nuestros hijos se quieren mirar.
Pero de pronto, y casi sin darnos cuenta, nuestros hijos crecen. Se convierten en adolescentes y comienzan una pelea contra ellos mismos y contra todos los que les rodean, de la que difícilmente sale nadie victorioso. Son épocas convulsas. Muchas hormonas. Mucho "no tienes ni idea". Mucho " no te enteras de nada". Mucho "tú qué sabrás" y otro tipo de lindeces que tenemos que tratar de sortear estoicamente. Porque no podemos sacar el camión de bomberos con cada llama de mechero que se enciende. Es conveniente sacarlo cuando haya un incendio de verdad... por aquello de la parábola de "Que viene el lobo".
Pues todo esto que os he contado anteriormente, lo describe magníficamente en un anuncio la gente de McDonald's.
Y si no te lo crees, te lo dejo a continuación, y ya me cuentas en los comentarios.