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18 de marzo de 2014

Montar una franquicia puede ser la solución


Siempre he querido montar un negocio.

Desde que empecé la carrera hasta que hice el máster en una prestigiosa escuela de negocios de Madrid, siempre he pensado que quería tener mi propio negocio (incluso, como decía alguno de los profesores, negociete)

No quiero forrarme, sino cumplir un sueño y sentir que mi propio esfuerzo y dedicación tienen sus frutos y puedo ver como con tiempo y suerte, merecen la pena. Supongo que os habrá pasado que a veces tienes la sensación de que trabajas demasiadas horas. En el fondo llegas a la oficina a las 8:30 y te vas a las 21:00. Y -pese a lo que puedan pensar algunos países de ámbito europeo- con una hora escasa para comer... pero no consigues ese grado de auto-satisfacción necesario para mantener tu grado de motivación al máximo nivel.

Ni montar una fábrica, donde la inversión necesaria se antoja salvaje, ni montar un chiringuito de pipas en la acera... algo intermedio, donde el poder y el valor de una marca pueda soportar los inicios, y donde tu esfuerzo y dedicación (independientemente de la suerte que puedas tener con la elección de la marca) acaben dando tus frutos y cubriendo tu cuota de satisfacción.

Una franquicia es una de esas cosas que siempre tuve en mete. Reconozco que desde hace unos años, el concepto ha virado un poco más, y ahora pienso más en un negocio relacionado con Internet, donde la inversión es muchísimo más pequeña y por lo tanto el riesgo de pegarte un tortazo, mucho menor.

Es cierto que ningún negocio es autosuficiente y de una forma u otra es vital la financiación para abrir la franquicia. Y para eso están los bancos. Pero también los planes de negocio que han de hace los empresarios para "convencer" a las entidades bancarias d la robustez de tu negocio y el por qué es seguro para ellos, concederte la financiación. Y una vez tengas ese empujón inicial necesario para arrancar... esfuérzate y no te rindas.

Dependerá todo de otros mil factores, pero al menos asegúrate que lo que está en tu mano es perfecto. Y después,... cruza los dedos