26 marzo 2022

El Blog del Marketing

Los nuevos esclavos en las sociedades libres

 

Ama y sumiso

El otro día estaba hablando con unos amigos en una de esas sobremesas de viernes que tanto me gustan, y abordamos el manido tema del trabajo, y de la gente que constantemente se queja de su jefe, de sus compañeros, de su escaso sueldo, de la situación del mercado o de cualquier cosa que le sirva para mantener una línea de pensamiento negativa sobre su situación laboral.

Yo comenté una frase que escuché en algún momento hace ya unos años y que dice que (de lunes a viernes) el 75% del tiempo que estamos despiertos, estamos trabajando. Sobre esa premisa, lo que yo les comentaba ayer a mis amigos es que conviene estar a gusto en el trabajo, porque si no es así, nuestra vida puede convertirse fácilmente en una espiral de negatividad. Si estás echando pestes de tu trabajo y no haces nada, difícilmente cambiarán las cosas. Cámbiate de trabajo, habla con tu jefe o re-enfoca tu actitud, porque es inhumano vivir así.

Pero también es cierto que esta reflexión que os he dejado en los dos párrafos anteriores, me dio pie a pensar lo "triste" que hemos convertido nuestro día a día. Nos hemos convertidos en esclavos del trabajo. Y no nos hemos dado ni cuenta. Sin cadenas que nos marquen, sin nadie que vaya con un látigo detrás nuestro marcando nuestra espalda, como podía ocurrir en la antigüedad. Pero esto es mucho peor, porque cuando sabes quién es tu Amo, puedes intentar escapar... mas tengo la sensación de que no somos conscientes de que es la propia sociedad (nosotros mismos) la que nos está convirtiendo en esclavos.


esclavos del trabajo

Soy el primero que me considero atrapado por la corriente que me lleva y apenas me deja pensar, así que voy a tratar de ilustrarlo con un ejemplo que espero que os haga pensar si efectivamente vivimos arrastrados por unos estándares que nos convierten en esclavos del trabajo:

  • 7:00, suena el despertador. Duchas, despertar a los niños, desayunar, arreglarse. Lo normal.
  • 8:00, dejo a los niños en el colegio y me dirijo a la oficina.
  • 8:25, llego al trabajo y me meto en el despacho.
  • 13:30, como en 45 minutos con mis compañeros (a veces en la propia oficina o en mi despacho)
  • 19:30 - 20:00 (dependiendo de la cantidad de trabajo que tenga, o de las reuniones que haya tenido), me meto en el coche y vuelvo a casa.
  • 21:30 después de poco más de 1h "libre", o bien voy a recoger a Jaime al entrenamiento, o bien me pongo con las cenas.
  • 22:45, los niños ya están dormidos y por fin puedo disfrutar de un rato de paz. Pero estoy destrozado, y la mitad de los días me quedo "tieso" en el sofá.
  • 0:00, a la cama, que me cae la baba por la comisura de los labios.

¿Nunca habéis pensado qué haríais si no trabajarais? Yo lo he pensado con cierta frecuencia. De hecho, recuerdo que cuando se jubiló mi padre, y yo tenía 32, estábamos paseando por la playa de Comillas y mi padre justo hablaba de esto. "¿Qué voy a hacer ahora durante todo el día"?. Y yo le contesté algo como: Pagaría ahora mismo por poder jubilarme, papá. Estaría todo el día haciendo deporte, leyendo, disfrutando del mar, de cualquier cosa".

Sin embargo no soy como algún amigo, que se ha impuesto objetivos de jubilación. Hay una corriente de valientes que hablaban de jubilarse a los 50, pero los más realistas se han marcado ese horizonte temporal en los 55 (me quedan 7 años, y personalmente, no lo veo). No es mala idea, pero las exigencias de modo de vida que nos marcamos, quizás no ayudan a que eso ocurra.

La gente se ve (nos vemos) arrastrada por las auto-exigencias de la sociedad. Un trabajo mejor, para ganar más dinero. Un coche más grande. Una casa más grande. Una segunda casa en la playa. A los niños hay que mandarles un año a Estados Unidos o a Irlanda. Cada vez más ropa. Cada vez un teléfono más caro. Montón de cosas superficiales con las que tratamos de comprar nuestra felicidad.

Por no hablar de la esclavitud que tenemos de la tecnología. Esta quizás sea peor, pero mezclada con la esclavitud al trabajo, nos está convirtiendo en unos auténticos gilipollas. Yo lo soy. Soy un adicto a la tecnología y ni siquiera tengo la intención de dejar de serlo. Nos pasamos el día con el móvil en la mano. Quizás el rato del trabajo menos, pero estamos dando un mal ejemplo a los niños cuando estamos en casa, y luego les exigimos que hagan un uso responsable de la tecnología. ¡Qué hipócritas!

esclavos de la tecnología

Los niños están todos igual. Podrían estar jugando un día entero a la PlayStation. Me consuela parcialmente (realmente no lo hace) saber que todos los amigos de mi hijo hacen lo mismo. Salen de la habitación con el teléfono en la mano. Desayuna jugando al Clash Royale, viendo TikTok, haciendo plantillas del Futdraf para el FIFA'22, y salvo que le indiques claramente que deje el teléfono, hasta se lava los dientes con el teléfono en la mano. Y así todo el día.

Su ocio es eminentemente digital, y si no fuera por el fútbol (entrena tres días y juega todos los fines de semana), sería una lástima ver pasar sus días. Muchas veces he comentado con mis amigos que mi madre me amenazaba con castigarme si no subía a casa a comer o a estudiar o a lo que fuera... y yo a veces le amenazo con castigos si no sale a la calle a jugar a algo y a dejar el teléfono de lado.

Supongo que cuando hay un cambio tecnológico que tiene un impacto tan grande en nuestras vidas, nos cuesta unas generaciones acostumbrarnos, pero seamos sinceros con la situación. Nosotros somos adictos y llegamos tarde a esta fiesta. Ellos son nativos digitales. Cuando trabajaba en Nokia, Jaime era capaz de abrir la tienda de aplicaciones, bajarse un juego e instalarlo en Android, Apple y Windows Phone. Con 4 años. Así que no debemos sorprendernos, pero sí tomar medidas y volver a nuestros orígenes (la naturaleza) tanto como podamos.

Que la suerte os acompañe. A mí me está abandonando (aunque me acompaña en otras cosas más importantes)

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