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13 de agosto de 2009

El presentador cachondón, un ejemplo para los niños


Lo que ayer escuché en el telediario y después comprobé en las páginas de El Mundo no tiene desperdicio. Abrid mucho los ojos y no os perdáis detalle de las aventuras del presentador cachondón.

En resumen, un presentador de un programa brasileño está acusado de encargar asesinatos a los que casualmente su equipo televisivo llegaba el primero (o incluso antes) de modo que tenía garantizada la exclusiva y por tanto incrementos de audiencias.

Pero si eso es aprovecharse tontamente de tu condición de figura televisiva... no penséis que el pavo este se quedaba ahí. Resulta que también está acusado de narcotráfico y el presentador cachondón debió pensar... "ya puestos a matar a gente para ganar audiencia, voy a aprovecharme de la situación".

Los asesinatos que encargaban servían también para eliminar rivales de la clásica banda narcotraficante rival... ¡joder, que tío tan listo!... pero claro, ¿no se estará pasando y le terminarán metiendo en la carcel?

Noooooo... porque nuestro presentador cachondón goza de inmunidad legislativa, vamos que el tio ocupa un cargo político que le exime de cualquier cosa... pero entonces la pregunta es: ¿de cualquiera? Porque así, de pronto se me ocurre que tráfico de drogas y asesinato deberían ser suficiente motivo para que el presentador cachondón pase un tiempo a la sombra, pero quizás las leyes brasileñas lo permitan.

Ah, por cierto,... antes de que se me olvide parece ser que el presentador cachondón anteriormente desarollo una corta pero intensa carrera en la policía brasileña que tuvo fin cuando fue despedido por robar todo tipo de objetos (me preguntó si ya puestos comenzó ahí su exitosa carrera como ganster y narcotraficante, robándole las papelinas a los yonkis) y por organizar un fraude en las pensiones.

No tiene desperdicio el tipo. Todo un campeón

(Fuente, El Mundo)