data:blog.canonicalUrl El blog del Marketing : Mi Camino de Santiago. Resumen de las etapas

20 mayo 2026

El Blog del Marketing

Mi Camino de Santiago. Resumen de las etapas

Ya estoy de vuelta en Madrid, con la satisfacción de haber completado el reto de hacer el Camino de Santiago. No sin dificulates, que pasaré a contaros a continuación. Pero hecho está.

Durante estos días pasados he estado apuntando en una libreta mis aventuras y desventuras. Mi intención es poder dejarlas subidas al blog para que me quede constancia de ellas y poder releerlas dentro de unos años. Os conté en otro post, que hice el camino con amigos en bici en el año 1992, y apenas recuerdo cosas del mismo. Quiero creer que de esta forma, además de contárselo a quien pueda estar al otro lado de la pantalla, el resumen de estos días queda también para mí.


JUEVES 14 DE MAYO, 2026. Madrid-Sarria

17:24. Con quince minutos de retraso (y susto incluido por el poco tiempo que tengo en Orense para coger el enlace que me llevará a Sarria) arranca mi Camino de Santiago.

Decidí no escribir en el tren, porque si mi letra no es lo mejor del mundo, con las vibraciones y movimientos, ni te cuento cuál podría ser el resultado.

Ahora escribo desde el Hotel Restaurante Roma, en Sarria. Un sitio al que mi tío Pecas nos trajo alguna vez, y que esta vez, disfruto yo solo. Comí unas zamburiñas riquísimas y una chuleta super tierna y con mucho sabor. Me tomé una caña y un ribera sacra para acompañar la carne (con un pedazo de bandeja de patatas fritas). De postre un orujo blanco y un café descafeinado... no sea que no pueda dormir bien.





De hecho, acabo de decidir que voy a dar un paseo por Sarria, porque de algún modo tendré que bajar la pedazo de cena que me acabo de meter, no? Por cierto, hoy leyendo en el tren un libro que me recomendó Laila titulado "El peregrino", descubrí una frase que quiero que me acompañe durante todo el camino:

El ayer se ha quedado atrás.

Ves las montañas que has cruzado y sonríes recordando el esfuerzo que te exigió superarlas.

El mañana, ya llegará.

No te pones a pensar en lo dura que será la siguiente etapa, simplemente cuando amanece, te levantas, desayunas y comienzas a caminar con la cabeza gacha.


VIERNES 15 DE MAYO, 2026. Sarria-Portomarín

Estuve despierto de 4:30 a 6 de la mañana. Un clásico en mí, pero siento que he dormido bien a pesar de todo. Ahora escribo desde un bar en frente del hotel. Estoy desayunando y fuera está lloviendo bastante, así que voy a activar el "modo lluvia" y ya está.

Hablando de modos, ayer noche pensé que voy a activar el modo avión en el teléfono desde que me ponga a caminar y hasta que llegue a cada uno de los destinos. De algún modo me va a servir de desconexión digital.

Finalmente salí de Sarria a las 8:30. Llovía bastante, así que dejé el hotel con el poncho de lluvia. Creo que los primeros 5 km estuvo lloviendo sin parar. Y luego lo hizo de forma intermitente. Fue gracioso, porque las primeras tres o cuatro veces que paré, bien para quitarme el poncho o bien para ponérmelo, me equivoqué. Si me lo quitaba porque llevaba un rato sin llover, enseguida se ponía a llover. Paraba de nuevo para ponérmelo, y dejaba de llover a los dos minutos.




La etapa de hoy fueron finalmente 24 km. He ido a muy buen ritmo, y me he sentido genial de piernas y de pulmones. Solo los últimos dos kilómetros, ya viendo Portomarín, sentía las lumbares a punto de explotar. Y cruzando el puente que da acceso al pueblo, se puso a llover con ganas, y tuve que refugiarme en una especie de parada de autobús, porque estaba cayendo "a dolor". Aproveché para sacar el teléfono y buscar en Google Maps dónde estaba el hostal, me duché con agua caliente y terminé con agua fría en las piernas.




Después estuve estirando, hablé con Lola, me puse crema hidratante en los pies y en la entrepierna y crema reparadora en los isquios y gemelos, me cambié de ropa y salí a comer al Restaurante Pérez. Garbanzos con callos y un plato de huevos con patatas y chorizo. Flan de queso de postre. La tarde suena a siesta, y luego iré a dar una vuelta, cenar algo y a dormir, que mañana repetimos concepto.

Llevo una hora y pico en una terraza leyendo y descansando. Disfrutando de esta soledad del Camino y del libro de "El peregrino" con un poco de música, por supuesto. A ratos hacía sol y lo cierto es que estuve muy a gusto un buen rato leyendo y escuchando música. Observando a los peregrinos que recorren Portomarín de un lado a otro. 




Cené pronto en un sitio llamado Casa Cruz. Tomé pulpo y raxo. Muy rico y muy barato (por supuesto acompañado de un par de Estrellas, que maridan muy bien con la comida e incluso con el lugar). Luego he dado un mini paseo por el pueblo y he terminado en la misma terraza de antes, donde estoy escribiendo. Ah por cierto!! En el restaurante he presenciado una divertida escena entre una chica italiana y un peregrino que, a juzgar por su acento, era gallego. Ella ha tirado todo su arsenal para tratar de "llevárselo al huerto", y el pobre muchacho no sabía como quitársela de en medio. Ha sido muy gracioso y... gratis!


SABADO 16 DE MAYO, 2026. Portomarín-Palas de Rei

Empecé a caminar a 7:33 y llegué a Palas de Rei a las 13:15. Al final fueron 26 km que recorrí en 5h15m. La etapa muy bonita. Lo cierto es que voy fenomenal de "patas". Camino a muy buen ritmo y (sin pretenderlo) voy adelantando a todo el mundo. Entro en una especie de trance al son del ruido de los bastones golpeando el suelo. Voy concentrado y disfrutando del paisaje, de mis propias sensaciones.

Pero todo esto ha empezado a tambalearse a partir del km 5. He empezado a sentir el isqui derecho muy rígido. Tanto que me obligaba a dar pasos muy cortos . En las subidas, donde mandan los gemelos y los cuádriceps, no tenía problema. Pero en llano y sobre todo en las bajadas, iba super pendiente de dar pasos cortos y apoyarme más en los bastones para quitarle trabajo a mis piernas y poder andar sin dolor.

Me fijo en el reloj, y veo que mi ritmo ha pasado de 11m/km a estar muy por encima de 13m/km. Pero lo cierto es que el ritmo me da igual. Solo quería llegar, y lo cierto es que no las tenía todas conmigo.




En el km 12 he decidido parar en un bar con una terraza, pedir un Aquarius, un café y una chocolatina, y mientras lo tomaba, estuve estirando de pie más de diez minutos. También aproveché para tomar un ibuprofeno. El caso es que, sea por los estiramientos o por el ibuprofeno, he vuelto a sentir las piernas recuperadas. Notaba "algo", pero no era la rigidez de antes, ni mucho menos la sensación de que podía romperme en cualquier momento. Tanto es así, que he vuelto a caminar a muy buen ritmo y disfrutar de los últimos 14 km hasta llegar al destino.

He llegado al hotel, me he duchado y llevado a cabo el ritual diario de cremas y estiramientos. Luego he decidido que mis músculos necesitaban protenia, así que me he acercado al restaurante Boa Vida y me he pedido un pedazo de chuletón de más de 1 Kg. La excusa de la proteína bien justificaba ese pedazo de chuletón.




Por cierto... hablando de músculos, me he despertado de mi media hora de siesta con el isquio completamente rígido. Estuve estirando un buen rato, y ahora he bajado con los auriculares, el cuaderno
y el libro a un bar con terraza... y aquí estoy, con una bolsa de hielo en la pierna para tratar de bajar la inflamación. Lo acompañé de agua con gas, un descafeinado y otro ibuprofeno.

No me va a ganar una puta molestia muscular. Salvo que me rompa, y en ese caso me habrá ganado. Pero tengo la fórmula perfecta, y es que después de contactar con varios fisios de Palas de Rei y comprobar que (lógicamente) no trabajan un sábado por la tarde, me toca a mí hacer algo diferente. He pensado que mañana pararé cada 5 Km para estirar suave. Hoy me fue genial así, y por eso quiero hacerlo antes de que lo sienta demasiado rígido. En fin, que ya tengo risas para que mi amigo Juan se ría de mí y de mis maltrechos músculos. Razón no le falta, la verdad.

Cené una ración de pulpo en la barra del restaurante Casa Camiño, que es donde esto alojado. Luego fui a tomar un helado y a dar un paseo muy despacio para tratar de mantenerme activo. Estoy algo más animado con respecto a mis piernas. Veremos mañana cómo se presenta la cosa. Ahora, toca estirar, echarme crema, leer y dormir.

Me desperté a las 4.30 de la madrugada. Con lo bien que lo estoy haciendo con todo lo relativo al cuidado de pies y evitar las rozaduras de la entrepierna, se me ha vuelto a olvidar tomar la melatonina. Al menos estoy en la cama disfrutando de la lectura. Voy por el 93% del libro y he encontrado otra frase que me ha encantado:

Si somos un reloj de arena, si, por un lado está el tiempo que hemos vivido ya y, por otro, el tiempo que nos queda, lo que de verdad importa no está en uno ni en el otro extremo, sino en el centro.

Y aquí añado yo. El ahora. Vivir.


DOMINGO 17 DE MAYO, 2026. Palas de Rei-Arzúa

El día del sufrimiento. No puedo llamarlo de otro modo. Desde que salí del hotel de Palas, sentí que sería un día difícil. A pesar de la crema y los estiramientos, el isquio me molestó desde el principio. Ni siquiera la pastilla "mágica" que me dio el Dr. Villanueva en Avanfi parecía tener efecto.

La solución, aparentemente sencilla: bajar el ritmo y caminar por encima de 14m/km. Pero lo cierto es que desgasta estar cuatro horas caminando concentrado en los pinchazos y avisos cada vez que aumentaba la veloidad o daba una zancada más larga de lo que debería. Y a todo esto, una guerra en mi cabeza entre parar para no lesionarme o seguir.





Al llegar a Melide, me metí en una pulpería con la firme intención de parar. Me pedí una ración de pulpo y una Estrella y empecé a buscar trenes, autobuses o taxis que me acercaran a Azrúa, ya que tenía el hotel reservado. Pero mientras comía (delicioso el pulpo) y buscaba en mi teléfono, seguía estirando. Pagué y salí a la calle. Lo cierto es que podía andar mejor, y me dije: "Qué cojones. Voy a intentarlo, y si no puedo, me paro y ya está"




Por delante me quedaban casi 15 Km, pero no quería rendirme. Y dejadme adelantar que conseguí llegar a Arzúa; y que al llegar me dieron ganas de llorar. Porque además del isquio, y seguramente provocado por tantos kilómetros forzando la manera de caminar (cojo, para que se me entienda), empecé a sentir el aquiles operado, super cargado. Lo que me faltaba, pensé.

El caso es que muy despacio y con mucho cuidado para no romperme, ocho horas después (a las 15:30) llegué a Arzúa. Hice el check-in en el Hotel Arzúa y comí un menú bastante chusquero en el único restaurante que me dio de comer. Luego dormí una siesta y a las 18h tenía agendado un masaje en las piernas que creo que me ha venido genial.

Ahora estoy cenando cerca del hotel, porque el sitio al que quería ir estaba lleno. Esta noche, ibuprofeno, crema y descanso. He pensado que mañana, en vez de hacer los 40 Km hasta Santiago que tenía previsto, voy a llegar a O Pedrouzo, que está justo a 20 Km de Arzúa, y el martes que vuelvo a Madrid, me levanto pronto y -si estoy bien- termino mi Camino de Santiago sin mochila. Ya veremos.


LUNES 18 DE MAYO, 2026. Arzúa-O Pedrouzo

Hoy todo ha sido diferente a los últimos dos días. Si ayer fue un día de sufrimiento, hoy ha sido un día para disfrutar. Lo primero porque he podido andar a un ritmo más o menos normal. Con pasos más cortos que mi zancada habitual, pero con un dolor a ratos inexistente o muy leve. Lo segundo porque estoy contento con la decisión de no haberme rendido y romper la última etapa en dos.




He disfrutado los 20 Km de hoy hasta O Pedrouzo y al llegar al pueblo he pedido un taxi que me ha costado 25€, llegado al NH Collection Santiago, pegado una ducha, he comido en la habitación una hamburguesa y un açai muy rico. Luego siesta de cuarenta y cinco minutos, café con Esteban (el director del hotel) y me he bajado a la piscina climatizada, a la sauna y a darme otro masaje de recuperación en las piernas.

A las 21h, por recomendación de mi tío Pecas (vía Manu) y del propio Esteban, tenía reserva en Anaco, y aquí estoy, dispuesto a disfrutar del menú degustación, que por cierto... me encantó. Os dejo algunas de las fotos que hice para mi amigo Juan.




MARTES 19 DE MAYO, 2026. O Pedrouzo-Santiago

Me desperté a las 6:40, y a las 7 estaba en el desayunador del hotel. Un buen desayuno algo más acelerado de lo que me hubiera gustado, pero tocaba terminar el Camino. A las 7:30 me estaba esperando un taxi que me acercó a O Pedrouzo. Desde el primer metro de camino hasta mi llegada a Santiago, la lluvia me estuvo acompañando. A ratos llovía fuerte y a ratos más suave. Pero no dejó de hacerlo ni un segundo.

Disfruté mucho la etapa porque en ningún momento sentí molestia alguna. Eso me permitió caminar a muy buen ritmo. Además esta etapa fue diferente porque fue la primera que hice acompañado. Después de adelantarnos varias veces (señal inequívoca de que caminas a un ritmo parecido) un chico llamado Miguel y su mujer (de nombre francés que no recuerdo) empezaron a hablarme. Me parecieron muy agradables. Él de 50, madrileño. Ella de 64, francesa. Se conocieron haciendo el Camino de Santiago hace 17 años, y se casaron. Por cierto, viven en El Espinar. Los dos muy montañeros y de conversación agradable hicieron que la última etapa se me pasara volando.

Ya en Santiago, ellos pararon a tomar un café, pero yo quería llegar a la plaza del Obradoiro y recoger mi (merecida) Compostelana. Pero sobre todo, quería llegar al hotel para quitarme la ropa (empapada como si me hubiera caído a una piscina) y pegarme una buena ducha de agua caliente.




Después de ducharme me puse la única ropa que me quedaba limpia y me metí en la cama para entrar en calor. Me quedé dormido media hora y luego bajé al restaurante del hotel a comer con Esteban y Pili (la directora comercial). Comí genial, y después del café y de un poco de charla, me subí corriendo a la habitación para hacer la mochila y marchar a la estación de tren.

Llegué a Madrid con algo más de media hora de retraso, pero feliz de haber terminado mi reto, y con ganas de repetir.

Por cierto, para los amantes de los datos, os dejo los detalles de las etapas realizadas:




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