¿Cuáles son las circunstancias que hacen que una persona tenga éxito, profesionalmente hablando?
Pues desde luego la respuesta no puede ser única ni sencilla, porque en mi opinión hay una serie de factores que en mayor o menor medida, y dependiendo de las circunstancias, pueden influir en que una persona se convierta en un referente para el tejido empresarial.
Si pienso en España, me vienen a la cabeza historias reales de personas exitosas como Amancio Ortega (Inditex), Juan Roig (Mercadona) o Emilio Botín (Banco Santander) entre muchos otros. Pero podríamos mirar fuera de nuestras fronteras y pensar en gente como Elon Musk (el hombre más rico de la historia de la humanidad y actualmente dueño de Tesla o X entre otras muchas empresas), Mark Zuckenberg (Facebook) o el propio Steve Jobs (Apple).
Estoy seguro que cada una de estas personas (y muchas más que seguramente podrían usarse como ejemplo) ha tenido su propio camino, con situaciones diferentes que solventar, contextos diversos. Pero lo cierto es que el éxito de sus proyectos empresariales es un hecho, e independientemente de lo que ocurra en unas décadas, la durabilidad de las mismas representa en sí mismo un triunfo. Ahora bien: ¿cuáles creeis que son los factores comunes al éxito empresarial?
Preparación: ¿es acaso necesario tener una carrera universitaria o/y un máster para triunfar? Desde luego, tener una buena base de conocimientos ayuda, pero no es una condición indispensable para alcanzar el tan ansiado éxito. Identificar las ideas, visualizar las oportunidades y lanzarse al vacío tras un sueño puede ser tan útil como haber estudiado cuatro, cinco o seis años. Se trata de entender las necesidades del momento, anticiparse a los demás.
Momentum: cuántas veces pienso que el momento de las cosas está muy relacionado con la suerte, o la ausencia de ella. En muchos aspectos de la vida. “Casualmente, aquel día estaba allí” y eso hizo que… O justo al contrario. Lamentablemente hemos vivido situaciones dramáticas recientemente, y salen a la luz todo tipo de anécdotas de la suerte que tuvo Fulanito o Menganito de no subirse a ese tren, “porque justo ese día…”
Pero dejadme parar aquí un segundo, ya que ni todo es suerte, ni el momento de las cosas es todo lo que acaba determinando su éxito. ¿Conocéis la historia del coche amarillo? Dejadme que os la cuente en un momento, porque eso nos llevará directamente al siguiente factor de éxito:
Si os pregunto: ¿cuántos coches amarillos te has cruzado esta mañana en tu trayecto desde casa al trabajo?, ¿sabrías contestarme? Seguramente no. Podrías intentar darme un número al azar, pero la precisión del mismo dejaría mucho que desear, ¿por qué? Porque vamos por la vida demasiado deprisa, sin prestar atención a los detalles. Y nuestra poca exigencia hace que sea más fácil echarle la culpa a la “mala suerte” que tratar de prestar una atención real a lo que nos rodea.
Si en cambio os digo que os daré 200€ por cada coche amarillo que identifiquéis en vuestro trayecto al trabajo, ¿pensáis que el número será acertado? ¿más acorde a la realidad? Todos ahora mismo sabemos la respuesta. Demostramos aquí que no es una simple cuestión de suerte (o de mala suerte), sino una cuestión de actitud. Lo que cambia entre una situación y otra es la atención que prestamos. A las cosas, a la gente, al entorno, a los detalles… A las oportunidades.
Perseverancia: Lo efímero no es duradero. Por definición. Las cosas no siempre salen bien a la primera. Pero si crees en algo, si has identificado la oportunidad porque prestas atención, si tienes los conocimientos y estás preparado y realmente crees que ese es el camino, la capacidad de insistir, la resiliencia y la paciencia, pueden llevarte al éxito. Quizás no llegues en el “fast track”, pero no siempre llegar el primero es sinónimo de éxito. A veces es mejor llegar bien asentado y con experiencias que te hayan sumado durante el camino.
Entorno: Quizás parezca la variable sobre la que menos control podemos tener, pero realmente creo que la adaptación al entorno es una cualidad que lo determina absolutamente todo. Tener una buena idea cuando el mercado no está preparado, puede llevarte a fracasar, e incluso a que un buen copiador venga después y lanzando la misma idea se convierta en un éxito… simplemente porque el mercado ya está maduro, o los clientes demandan eso que viste antes de tiempo. También son importantes las cuestiones regulatorias, el mercado exterior, los competidores y muchos otros aspectos.
Equipo: Soy un ferviente defensor de la importancia del equipo para el éxito de cualquier proyecto. Me considero afortunado, ya que siempre he estado rodeado de profesionales de primer nivel, aunque también creo (así me lo ha hecho saber algún jefe) que algo de mérito tengo por poder gestionar y retener a un grupo tan talentoso de profesionales. Lo cierto es que me parece importante que trates a la gente como te gustaría que te trataran a ti. Delega, déjales crecer, apóyalos cuando lo necesiten. Sé cercano pero sin llegar a ser un colega, y exigente pero sin comportarte como un tirano. Y sobre todo, por encima de todo, céntrate en las cosas positivas y refuerza las que no salieron tan bien para que las cosas cambien y salgan mejor la próxima vez.
Ah, y muy importante (y esto lo he visto con mis propios ojos): un jefe está para poner la espalda y echarse a los hombros la responsabilidad en el caso de que algo salga mal, y para dejar que el equipo se ponga las medallas en los éxitos. Os parecerá imposible, pero he visto muchísimas veces justo lo contrario y me parece muy rastrero e impropio de alguien que debería actuar con el ejemplo. Un líder en las buenas y en las malas ha de comportarse como tal y no como un cretino.
En definitiva, pocas cosas ocurren por casualidad. Todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad sobre nuestra propia historia personal. No podemos tener el 100% bajo control por mucho que queramos, y como decía Picasso, siempre es mejor que las musas te pillen trabajando.
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