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18 de junio de 2018

GDPR. Una bendición para el usuario y un suplicio para las empresas

No creo que a estas alturas haya nadie que no se haya dado cuenta de qué algo está pasando en las relaciones entre empresas y sus clientes.

A escasos minutos de que entre en vigor la normativa europea de protección de datos (General Data Protection Regulation = GDPR) y por muchas reuniones que haya tenido en el trabajo e inluso haberme leído algún resumen de la normativa, durante este último mes, semanas o días para los más perezosos hemos podido observar en qué queda todo, y cuales son las opciones de interpretación que están llevando a cabo las empresas para poner en orden su relación (y la potestad de mantenerla) con sus clientes.

Las opciones que estos días inundan nuestras bandejas de entrada de nuestras cuentas de correo electrónico son dos:

1) Asumo que estoy haciendo un buen uso del tratamiento de los datos de carácter personal de los clientes actuales y potenciales que tengo en mis bases de datos (con lo que eso implica en cuanto a almacenaje, cifrado, custodia y eliminación de los mismos), y por tanto te envío un email contándote que todo está ok y que las condiciones legales han cambiado... animándote en el mejor de los casos a que le eches un vistazo

2) Me cubro las espaldas y voy por la interpretación más purista de la regulación europea, y te envío un email pidiendo tu consentimiento explícito para poder seguir "comunicándome" contigo

En los cientos de correos que he recibido en las últimas semanas diría que un 60% han optado por la primera opción, y el restante 40% por la opción más segura para con la GDPR.

Ni que decir tiene que las sanciones a las que se exponen todas las empresas son considerables y que compensa cumplir. Multas que pueden llegar hasta los 20 millones de euros o un 4% de la facturación parecen suficiente motivo para tomárselo en serio. Como también lo es el motivo más filosófico o conceptual del asunto. El correcto tratamiento de la información más personal del usuario.


Ahora bien, para aquellas empresas que han elegido ir por el camino más pulcro y pedir el consentimiento explícito de aquellos usuarios de los que tiene email... el coste puede ser mucho mayor, ya que se estima que apenas el 40% de los mismos pinche el link para dar el "yo acepto" de las nuevas condiciones de privacidad.

¿Quién gana entonces? Claramente nosotros. Los que hemos sido bombardeados por cientos de empresas de las que apenas teníamos conocimiento de su existencia. En mi caso no creo que haya dado el consentimiento ni a un 10%, y me ha servido para hacer un "reset & reload" en las relaciones con aquellas empresas (y sus terceros) con los que algún día decidí abrir las puertas de mi casa (y sobre todo de mi email)

Si por mi fuera (hablando solo como usuario), una purga de este tipo cada 5 añitos liberaría mi bandeja de entrada de pesadas comunicaciones que pocas veces aportan algo y que requieren cierto esfuerzo de limpieza. Soy muy fan de recibir un newsletter de un tema que me interesa. El problema viene cuando con el paso del tiempo te das cuenta de que no eres plenamente consciente de dónde han ido a parar tus datos, ni qué uso se está haciendo del mismo

El GDPR está muerto. Viva el GDPR

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