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19 de abril de 2016

Para cuando mi hijo Jaime sea adolescente y pase de mi


Desde que nació mi hijo Jaime, hace hoy 8 años y 8 meses exactos he aprendido lo que se puede querer a un hijo y ahora comprendo mucho mejor lo que hablan del verdadero amor de los padres hacia sus hijos. Ese amor incondicional y eterno que antes te sonaba a frase hecha y que desde que nació Jaime (y después Lola) siento en primera persona y apenas puedo expresar con palabras.

Obviamente respeto todas las posturas, pero tener un hijo es una experiencia a los sentidos y las emociones que merece la pena ser vivida, porque creo que de ningún otro modo podría pasarse de que la frase hecha esa del amor incondicional se convierta en una sensación indescriptible. 

Pero los niños crecen por muchos deseos que tengamos sus padres de que no pase el tiempo. De que se queden congelados porque "están para comérselos". Pero nada de eso ocurre. Los niños siguen creciendo y la sensación de que están pasando una época maravillosa se mantiene, con lo que los deseos de congelación al más puro estilo de Walt Disney siguen presentes. 

Pero he de decir que por mucho que creas que la época actual es la mejor, siempre viene un momento que lo supera. Así ha sido hasta ahora prácticamente desde el mismo día en que nacieron, aunque por lo que me dicen mis padres, esta sensación tiene un fin. O al menos un stop & go que responde al nombre de adolescencia.

El otro día, acostando a Jaime estuve dándole besos y diciéndole todo lo que le quería, etc, etc... es sin duda el mejor momento del día, cuando cada uno está acostado en su cama y paso a darle las buenas noches y a repartir y recibir mimos por doquier. El caso es que el me decía: "te quiero muchísimo papi", a lo que yo contesté... "y yo a ti Jaime, y te voy a querer toda la vida" y después le dije, "¿y tu a mi me querrás siempre, o cuando tengas 15 años vas a pensar que tus papás no se enteran de nada y que son unos tontos y ya no  me querrás?"

El caso es que me encantó la respuesta que me dio. Me dijo algo así como: "mira papá, yo te voy a querer siempre, pero por si acaso me vuelvo tonto cuando tenga 15 años, escríbemelo en un papel y así cuando llegue ese momento me lo das para que me acuerde de todo lo que te quería con 8 años"

Y más o menos es lo que estoy haciendo. Si llega ese momento (no el de la adolescencia, que llegará, sino el de que pueda llegar a decidir enseñarle estas líneas a Jaime) seguramente lea este post semi avergonzado de que su padre pueda manifestar sus emociones en público... a lo loco. Pero la verdad es que me da igual, porque es lo que siento, así que allá va.

Y también porque por suerte, después de pasados esos años que todos hemos pasado, volvemos a retomar la relación con nuestros padres, ya en un plano de adultos, y con cierta sensación de recuperar el tiempo perdido (se asuma o no) durante esa época oscura y de cambios entre padres e hijos, y sobre todo, para ellos mismos.

Así que nada, veremos si para el año 2022 y sucesivos estas palabras que hoy escribo siguen aquí y si Jaime (o Lola) terminan leyéndolas y -seguramente- avergonzándose de mi. Pero al menos sabrán que su padre le quiere y ha querido desde que nació... aunque piense (n) que somos unos carcas que no les entienden un carajo o que tratamos de hacerles la vida imposible. Nada más lejos de la realidad chaval... lo que intento es siempre lo mejor para tí. 

Ahí queda eso! 

4 comentarios :

David Santamaria dijo...

Eres muy grande Pedro. Sentimiento 200% compartido con mis enanos... "yo digo quenles voy a poner topes para que no crezcan mas..."

Pedro Molleda dijo...

es que son la bomba!!
da miedito que crezcan

abz

J.Cid dijo...

Grande la respuesta de tu hijo! Viste la peli Boyhood? Un abrazo!

Pedro Molleda dijo...

cierto Jesús... la verdad es que tiene unas salidas increíbles

abz