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04 octubre 2020

El Blog del Marketing

Ouigo. La competencia a la alta velocidad de Renfe ya está aquí

ouigo
Esta mañana, después de desayunar me he puesto a leer los periódicos y a cacharrear un poco por mi Feedly para leer cosas mientras me tomaba el segundo café de la mañana, y he leído que por fin está concedida la operación de las líneas de alta velocidad ferroviaria de Adif y que opera desde hace más de 20 años en situación de monopolio, la española Renfe.

Desde luego es una gran noticia que Renfe tenga un competidor. Los primeros beneficiados seremos los usuarios de la alta velocidad, que nos beneficiaremos (al menos) de una segunda opción y teóricamente de cierta "batalla" por conquistar a un cliente que lleva años cautivo de un modelo de negocio inmovilista.

Pero diría que la mejor noticia es para Renfe, porque creo que les permitirá ser más eficientes y tener una aproximación a su negocio propia del año 2020 (y  no de 1990, que es la forma en la que actualmente opera). Sin ser un experto en la materia, Renfe pasa de ser una empresa del Estado a ser una empresa privada de capital público. Este matiz, aparentemente menor, es el que debería haberles hecho gestionar su operación como cualquier empresa privada. Hecha para rendir cuentas a los accionistas e inversores, y con afán de ganar dinero de forma eficiente, cosa que aparentemente no han hecho en las últimas décadas.

Insisto que mi visión es completamente externa, y que opinar sin "tocar pelo" tiene un punto temerario, pero no creo que a nadie se le escape que hay al menos un par de cosas que los de Renfe tendrían que haber trabajado más eficientemente en estos años que han disfrutado de una posición monopolística. A mi me salen al menos los siguientes:
  • La gestión de precios es lamentable. Hasta hace muy poco no tenían más que un precio fijo para turista y otro para preferente (independientemente de la demanda), y solo hace 7 u 8 años, ofrecieron diferentes tarifas en función de ciertos niveles de servicios. Apareció la tarifa mesa, jugaron con la flexibilidad a la hora de las cancelaciones para tener mejor control del inventario de asientos disponibles, y poco más. Los aviones y los hoteles tienen un negocio similar, y su aproximación al revenue management es mucho más profesional que la de Renfe.
  • La gestión de la oferta no puedo comprenderla. Seguro que os ha ocurrido que en épocas especiales del año, habéis querido comprar un billete de AVE y no habéis podido por estar el tren completo. ¿Completo? Imagino que habrá un límite de vagones y que en cierto modo jugarán con ello, pero me sorprende la escasa previsión con la que afrontaban épocas como la de Navidad, fines de semana de verano, Semana Santa, etc. O pones más vagones, o incrementas la frecuencia de los trenes que recorren las vías al máximo de su capacidad,... porque lo que se intenta es maximizar la utilización de la red para dar el mayor servicio posible y -consecuentemente- maximizar los ingresos. Pero ni una cosa ni la otra.
  • Su página web es un quebradero de cabeza constante. Hará cosa de un año, o quizás menos, lanzaron su anteúltima actualización de la página web, pero la web de Renfe siempre ha sido un completo desastre. En su momento, hice un post que podéis leer aquí con un caso concreto vivido en uno de mis viajes en AVE en el año 2016
  • En el año 2000, la aplicación móvil es aún peor que la página web. Además se cae constantemente y da errores cada dos por tres. Imagino que ahora que han cambiado su web, estarán trabajando en la app. Más les valdría que fuera así.
  • Los sistemas de pago (o la pasarela de pago, o no sé qué será) te situaban en la paradójica situación de que si nunca habías comprado un billete por Internet, no podías hacerlo, porque ellos no tenían registrada tu tarjeta. Recuerdo una conversación telefónica con una agente de Renfe tratándole de explicar a la pobre, que ninguna culpa tenía, que no tenía sentido que por haber cambiado de tarjeta tuviera que hacer una compra física con esa tarjeta para después poder realizar una compra online. ¿Pero dónde se ha visto eso? ¿No os dáis cuenta que va en contra de cualquier lógica de ecommerce?
En fin, también podríamos hablar de alguna que otra cosa, como sus sistemas de audiovisuales (propios de los años 80), su programa de fidelización, la tontería de los vagones silencio y muchos otros aspectos que cualquiera con cierto conocimiento de negocio y sentido común, estaría trabajando en cambiar. Pero quizás por ser una empresa privada de capital público o por no haber tenido competencia, parece que en Renfe nadie se había planteado de verdad.

Pero nada dura para siempre, y en marzo de 2021, Renfe tendrá un competidor, ya que la compañía francesa Ouigo llega a España para operar en la infraestructura de alta velocidad de Adif y sacarle los colores a Renfe que -por cierto- amagó hace meses con el lanzamiento de su marca Avlo low cost para ponerle una barrera de entrada a Ouigo, pero la pandemia les hizo frenar el lanzamiento y me da la sensación de que cuando quieran relanzarlo será demasiado tarde.

Mientras todo esto ocurre, os dejo dos vídeos de Ouigo que he encontrado en Internet y que al menos os servirán para haceros una idea de su aproximación al consumidor y empezar a concoer más de ellos. 


Por cierto, para empezar, hablan de vender 10.000 billetes a 1€. Primer reto para Renfe o para su línea low cost Avlo. Empieza la fiesta!

10 julio 2016

El Blog del Marketing

Empresas que viven en el caos #RENFE

Odio Renfe (ojo, hay una página en Facebook con este nombre)


Lo he dicho varias veces en este blog, casi siempre por alguna experiencia como viajero o como cliente (frustrado) al tratar de comprar en su obsoleta y poco funcional página web y al intentar entender su arcaica gestión de precios y –sobre todo de oferta-

Renfe no es la línea de alta velocidad (AVE) de la que tanto presumimos en España, y que ha ido creciendo al ritmo del politiqueo extremo y (estoy seguro) de los sobres bajo cuerda que han conseguido que ciudades de tercera división que todos conocéis si le echáis un vistazo a los trayectos de AVE más relevantes de nuestro país, tengan una parada en la “cream de la cream” de las comunicaciones por tierra.

Renfe es el Alvia que recorre tortuosamente Madrid y Cantabria y un montón de destinos de segunda división, acumulando retrasos sin explicaciones, anulaciones de billetes o –lo más incomprensible desde mi punto de vista- una paupérrima oferta que hace que viaje un tren cualquier viernes de verano a las 15.30 desde Chamartín hasta Santander, con sólo cuatro vagones que –por supuesto- han vendido todas sus plazas una semana antes de la fecha de salida… sin que eso les encienda la luz a los directivos de Renfe para poner más vagones y (por cierto) ganar algo más de dinero.

Pero eso da igual, porque son empresas que no tienen la generación de beneficios en su ADN. Están por estar. Condenadas a fracasar en cuanto un poco de aire fresco o sentido común termine con su concesión y una empresa que quiera ganar dinero y satisfacer a sus clientes sin tratarlos como cautivos que para hacer este trayecto apenas tienen el autobús y el coche como posible competencia. Pero si tenemos en cuenta la situación de nuestras carreteras en los meses de verano, fácilmente os daréis cuenta que las opciones para evitar el frustrante atasco de entrada un domingo cualquiera en Madrid se limitan a un tren desastroso o un avión (con pocos vuelos) que tampoco parece tener cintura y ofrece volar a precios inalcanzables.

Pero esto no pasa con los viajeros que suelen visitar Sevilla, Córdoba, Málaga, Zaragoza, Valencia, Barcelona, León, Valladolid, y algún otro privilegiado. Para los viajeros que tengan la suerte de desplazarse a estos destinos, las penurias son de otra índole. Principalmente en la escasa política de promociones y la escasez de tarifas más económicas que les obliga –casi en modo autómata- a pagar 130€ por ir y volver a los destinos estrellas del AVE

Una y otra situación reflejan a las claras la mala gestión empresarial de una empresa que está abocada a la desaparición o al sustento constante por parte de políticos que la mantengan a flote para beneficio del bolsillo de unos pocos mangantes a los que poco les preocupa que se acumulen retrasos, cancelaciones, que viajemos 4 horas y media a 27º o que la oferta a los principales destinos sean tendentes a 0.

¿Para qué se van a preocupar de poner más vagones en fechas clave (Navidad o Semana Santa) si nadie les mira en base al beneficio que consigan?

¿Qué más da que la página web o la aplicación móvil parezcan hechas hace 20 años aunque el coste de las mismas haya sido –con toda seguridad- desorbitado?

¿Por qué iban a apostar por la innovación poniendo servicio de wifi a bordo o simplemente unos enchufes en todos los trenes?

¿Qué más les da que lleve 20 minutos con olor a mierda/caca/escrementos en un vagón –por cierto- de clase preferente?


Podría seguir escribiendo mil ejemplos… pero afortunadamente no soy un “heavy user” de Renfe… quizás estas líneas os ayuden a entender por qué.

31 diciembre 2014

El Blog del Marketing

Clientes cautivos de los precios (abusivos)


Están ahí. Muchas veces no lo percibes. No te das cuenta, pero existen negocios en los que no hay competencia alguna y los precios mantienen cautivos a los clientes que, si quieren disfrutar de dichos productos o servicios, han de pasar por el aro de dichos precios abusivos, sin otra posibilidad que “unos o ceros”. Si o no. Como escuché una vez en una negociación, “take it or leave it”

Sencillo y… demoledor. Supongo que todos tenéis en la cabeza a alguno de estos ejemplos donde no hay competencia y los precios son absolutamente abusivos, pero por algún matiz del negocio, la gente tiene que afrontar una “decisión binómica”. Si o no.

Me acaba de pasar hace escasos 5 minutos. Estoy ahora mismo en el AVE que hace el trayecto Madrid-Sevilla que cogí a las 13.00 y me he acercado a la cafetería del tren para comprobar la teoría de la que os estoy hablando.

Consciente de los precios abusivos de la cafetería del AVE, me he acercado para comer algo. Mi elección bastante lejos de ningún lujo asiático. Sencillamente he pedido un sándwich de jamón y queso que han recalentado tristemente en un micro, una Coca Cola Zero y unas patatas fritas, y me han cobrado 9,70€

Y obviamente lo he pagado, lo que no significa que no sea consciente del palo que me han metido, como lo he sido en otras situaciones parecidas como el servicio a bordo de loa aviones o incluso (habiendo más competencia) en los restaurantes y cafeterías que hay en los aeropuertos donde, no hace mucho, me cobraron 8€ por un bocadillo de jamón serrano que, por cierto, tenía dos o tres lonchas casi transparentes

Pero definitivamente conseguir una concesión para este tipo de negocios puede ser un buen negocio, porque independientemente del modelo de contrato que tengan que afrontar e incluso del modelo de distribución al que puedan verse obligados, el margen que obtienen por producto es absolutamente escandaloso.

Al final no deja de ser un tema de oferta y demanda. De fijar un precio lo más alto posible y que tus clientes estén dispuestos a pagarlo. Sobre todo porque en caso de querer disfrutar de dicho producto, no tiene otra alternativa. Me recuerda a una experiencia que viví hace años en Fuerteventura, donde encontré con mi mujer una máquina de refrescos a la salida de una playa, y vimos que los precios de cada lata de refrescos eran de 3€ (10 veces más que su precio de compra). Pero claro, una playa en agosto, 35º al sol y una especie de oasis en forma de máquina de refrescos con la bebida helada…. ¿cuánto estarías dispuesto a pagar? ¿Qué pasaría si el precio fueran 5€?

Creo que el razonamiento para los precios de la cafetería del AVE o el servicio a bordo de un avión ha de ser parecido. ¿Tu qué crees?