INGREDIENTES (para cuatro personas)
- Lomo de merluza
- 1 limón
- Sal
- Pan rallado
- 6 zanahorias
- 1 cebolla
- 6 o 7 patatas medianas
- 2 tomates grandes, no muy maduros
Un blog de Marketing, publicidad, redes sociales y casi cualquier cosa que ronda mi cabeza.
Justo ayer 21 de Octubre de 2025 es una fecha importante para los frikis de Regreso al Futuro, la mítica película (trilogía) de hace ya algunas décadas:
Hoy voy a estrenar una nueva categoría de algo que tengo pensado hacer desde hace tiempo. Algo personal y transferible. Un pequeño recetario de cosas que veo por ahí o que hago en casa, y que quiero dejar escrito en piedra para las generaciones futuras (jajajaja).
Recetas sin ambiciones. Sin más intención que la de llevar un control documental de las mismas. Podría haber creado un blog de recetas. Algo específico. Pero no. Me resulta más cómodo hacerlo aquí y, total, para los pocos lectores que quedan... el riesgo que asumo de que os canséis de mi y os larguéis, es limitado.
Allá va la primera receta. Queridos amantes de la Lasaña. Va por vosotros!
¿Os habéis preguntado alguna vez cómo aprendemos los seres humanos?
Siempre pensé que el aprendizaje es un proceso natural, que en una primera etapa, cuando desarrollamos nuestra personalidad, se basa en la observación de nuestro entorno.
Si cuando tienes 2 años vas a lo loco por la casa y te pegas cinco coscorrones con el pico de la mesa, la siguiente vez que pases por ahí, o en alguna de las siguientes, pasarás más despacio porque tu cerebro asocia el hecho de pasar como un loco en una zona concreta, con la situación (dolorosa) de llevarse un coscorrón.
Huelga decir que un bebé no lleva a cabo un proceso de reflexión para cambiar su comportamiento. Pero antes o después, lo cambia. ¿Instinto? Seguramente sea algo parecido. No es muy diferente la forma en que se educan a las mascotas. Un perro que hace pis en el salón, recibirá un estímulo negativo en forma de gritos, amenazas con el dedo, o algún que otro coscorrón (aún recuerdo a mi tío Manolo zurrando a sus perros con papel de periódico enrollado… y no eran chuchos precisamente. Eran dos doberman casi más altos que él). Después de hacer pis varias veces y darse cuenta que recibe estímulos negativos, o que cuando lo hace donde tiene que hacerlo los recibe positivos, el perro termina aprendiendo. Y es evidente que un perro de esos que ladran, tiene cuatro patas, rabo y un montón de pelo, no tiene capacidad de reflexionar.
Palo y zanahoria. Esímulo negativo si falla y la esperanza de uno positivo si su comportamiento es el esperado por su dueño. Los perros bien educados aprenden rápido. Por eso es importante que haya un buen amo y un buen perro. Pero en los casos en los que no se dan ambas premisas, terminan aprendiendo de un modo más lento pero, a medio y largo plazo, igualmente efectivo.
Yo siempre he presumido de tener la capacidad de tomar decisiones de forma más o menos instintiva. Sin ser consciente de reflexionar como tal. No me quedo “tostao” y digo, venga Pedro, reflexiona sobre esto. ¿Por qué hacerlo? ¿Por qué no? ¿Cómo hacerlo diferente? ¿Qué te hace sentir esto o aquello? Quizás por comodidad o por puro desconocimiento, creo que no tengo esa habilidad que otras personas tienen. Se me ocurren varios ejemplos de personas que conozco y a las que admiro, que tienen ese don. Yo tengo otros (cazar moscas o acertar con la gente con apenas 2 minutos de conversación y mierdas de ese tipo). Pero lo cierto es que no soy una persona reflexiva, y quizás si lo fuera…
Me equivoco. Mis errores tienen consecuencias. Mis errores afectan a otros. Personas a las que quiero. Y asumiendo que no he sido capaz de reflexionar previamente a dichos errores, ¿soy capaz de hacerlo después? Se supone que, como he dicho en los primeros párrafos de este extraño post escrito a bordo de un avión entre Berlín y Madrid, los seres humanos aprendemos copiando conductas en una fase inicial, y con estímulos positivos y negativos después. Acción reacción. Gestión del fallo, y asunción de las consecuencias. Me pasa a mí y le pasa a Dora la Exploradora. Le ocurre al ser humano.
Pero no debe ser tan sencillo, ¿verdad? Porque si lo fuera, cuando cometes un error, no vuelves a cometerlo. Porque después del palo, viene la reflexión y la consecuente acción para corregir tu comportamiento. ¿Acaso se supone que un perro bien educado empezará a mearse en medio del salón cuando tenga ya diez años? Sería raro. Pero dicen que las personsa somos los únicos animales que tropezamos dos veces con la misma piedra.
Me pregunto qué es más fuerte para una persona. Su forma de ser y de actuar o el efecto del aprendizaje a lo largo de los años. Un perro puede ser ansioso y juguetón. Puede ser inquieto y morder a su dueño de forma natural, pero es capaz de obedecer, y una correa tensa le hace sentir que se espera algo distinto de él. Un palo le hará comportarse distinto la próxima vez. Pero se supone que las personas tenemos la capacidad de pensar y reflexionar. Solo que cuando no es algo que tenemos naturalizado, cuesta. Cuando no tenemos creado el hábito, cuesta decir, “venga, voy a pensar sobre esto o sobre aquello”.
¿Conocéis los procesos en back? Son como las aplicaciones que dejamos abiertas en el móvil o en el portátil y que siguen consumiendo recursos “por detrás”, aunque tú estés usando otra aplicación. Aplicación cuyo rendimiento, por cierto, se verá comprometido por esas otras ventanas que tienes abiertas y que tu mente ha olvidado para centrarse en la aplicación primaria, como estoy haciendo yo con este post. Siempre he pensado que yo pienso en back. Quizás sean “reflexiones de baja intensidad. No lo sé, pero joder… si tengo 51 años y no soy consciente de haberme puesto a pensar / reflexionar sobre nada o casi nada, solo caben dos posibilidades:
O soy imbécil, o tengo otra forma de reflexionar.
Y… yo qué sé. No me gusta pensar que soy imbécil, porque además creo que no lo soy. O no mucho. Pero cierto es que como todas (o muchas de) las decisiones que tomo en mi vida surgen de “forma natural”, casi espontánea y sin procesos de reflexión profunda y conciencuda, pues será que pienso en back. O que soy gilipollas, que ahora que lo pienso, también puede ser.
En fin. Sea como fuere, aquí queda mi “reflexión de andar por casa”. Y permitidme que os desvele un secreto, porque a lo mejor os pensáis que llevo rato rumiando estas palabras. Reflexionando este post.
No funciono así. Quizás te parezca extraño, pero simplemente coloco los dedos sobre el teclado y las palabras van apareciendo una tras otra, a velocidad de vértigo. Llámalo x. Me da igual una cosa que la contraria. Ah, y por cierto, no me gusta revisar lo que he escrito, salvo para corregir alguna expresión que cuando lo leo una segunda vez, siento que sonaba distinto en mi cabeza, y que en ese corto viaje que une cerebro-dedos-pantalla, ha debido traspapelarse o tomado vida propia. Como el Demogordon de Stranger Things. Toma paranoia. Chúpate esa. Gratis total.
Y ahora, si no os importa y en vista de que estoy empezando a decir tonterías, voy a reflexionar sobre alguna que otra cosa, aprovechando que todavía me quedan dos horas de vuelo. ¿Veis como nunca es tarde para aprender?
Guau, guau, guau.
Si
esta semana has visto caer las impresiones en Search Console, tranquilo: no es
una penalización ni un desplome de tu SEO. Google ha desactivado el parámetro &num=100.
El parámetro &num=100 permitía ver los 100 resultados de búsqueda en una sola página, lo que facilitaba auditorías rápidas o tareas de scraping. Desde septiembre de 2025, Google lo ha desactivado y las SERP vuelven a su formato clásico de 10 resultados por página. Los motivos son bastante claros: reducir el scraping masivo y automatizado, optimizar costes e infraestructura, y conseguir métricas más fieles al comportamiento real del usuario.
Antes, muchas herramientas
de análisis SEO (como Semrush, Ahrefs o similares) usaban un truco técnico:
añadían el parámetro &num=100 a sus consultas para que Google les
devolviera los 100 primeros resultados de golpe.
El problema es que, al hacerlo así, Google Search Console también registraba impresiones falsas o “vacías”: contaba como si tu web hubiese aparecido ante los usuarios, incluso en posiciones tan profundas (por ejemplo, la 87 o la 92) que nadie llega a verlas en una búsqueda normal.
- El número total de impresiones aparecía
inflado.
- La posición media se veía peor de lo que
realmente era, porque incluía esas posiciones lejanas.
- Los clics, en cambio, apenas cambiaban
(porque la gente nunca hacía clic en esas posiciones).
Ahora, Google ha cambiado su funcionamiento y las búsquedas vuelven al formato clásico de 10 resultados por página, sin permitir ese truco de &num=100.
Lo
que antes se veía en una sola vista ahora se reparte en varias páginas. Esto
elimina el “lastre” de impresiones procedentes de posiciones 50–100, que en
realidad casi nadie veía. Por tanto, las impresiones tenderán a bajar,
la posición media puede mejorar sin cambios reales (es pura estadística)
y los clics o conversiones deberían mantenerse. Si ves variaciones
mayores, revisa antes la estacionalidad, tus campañas o los cambios en la
página antes de culpar al parámetro.
Anota
septiembre de 2025 como punto de corte en todos tus dashboards. A partir
de ahí, compara solo “nuevo con nuevo”, es decir, periodos posteriores al
cambio entre sí. Evita mezclar datos anteriores porque el contexto de
medición ya no es el mismo. También conviene reescribir conclusiones: en
lugar de decir “han caído las impresiones”, explica que “ahora se miden con
menos ruido” y da más peso a los clics, al CTR y a los objetivos. Y si tu
posición media mezcla periodos distintos o consultas con cola larga, relativiza
la lectura: no siempre indica un cambio real de rendimiento.
El seguimiento del top-100 ahora requiere paginación, lo que multiplica por diez las llamadas a servidores, proxies o APIs, y con ello los costes. Además, las posiciones más allá del top-20 pierden utilidad práctica: la mayoría de los proveedores priorizarán el seguimiento del top-10 o top-20, donde ocurren casi todos los clics. Si medir del 30 al 100 encarece tu operación sin aportar decisiones concretas, trátalo como radar, no como KPI principal.
Sigue analizando tus datos
como siempre: las tendencias siguen siendo válidas, solo cambia la escala.
Durante unos días verás ajustes o caídas aparentes, pero es normal; los datos
se están estabilizando tras el cambio.
A partir de ahora, tus
gráficas serán más fieles a la realidad, sin el ruido de impresiones
irreales.
El
fin del &num=100 no es una pérdida, es una depuración. Los datos que ves
ahora se acercan más a lo que realmente ocurre en las búsquedas. No ha cambiado
tu SEO, ha cambiado la forma de medirlo. Aprovecha este punto de inflexión para
limpiar tus paneles, leer con más criterio y dar más peso a lo que realmente
genera impacto: clics, conversiones y oportunidades reales.
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#BloggerInvitado: Javier Sancho
Durante años aprendimos a medir el éxito por la parte de arriba del embudo: sesiones, impresiones, clics. Cuantos más, mejor. Pero 2025 nos está obligando a mirar las cosas de otra manera. Hay más competencia, el precio del clic sube, Google cambia las reglas y las respuestas de IA se quedan con un trozo creciente del pastel. Con menos clics, el viejo reflejo de “traigamos más tráfico” deja de ser suficiente. La pregunta correcta es otra: ¿qué hacemos con las visitas que sí llegan?
Ahí entran en juego el CRO (Conversion Rate Optimization) y la UX. Son el arte —y la disciplina— de hacer que la página trabaje mejor: que explique antes, que quite fricciones, que acompañe mejor. Que el usuario encuentre lo que vino a buscar sin tener que pelearse con nada. Y que la decisión —comprar, pedir una demo, pedir presupuesto— ocurra con naturalidad, no por insistencia.
El SEO tradicional sigue teniendo sentido, pero ya no basta con “salir arriba”. Si el clic es más escaso, la experiencia posterior es la que decide. A ese enfoque que une búsqueda y experiencia se le ha llamado SXO (Search Experience Optimization). En la práctica significa algo muy simple: alinear lo que prometes en el resultado con lo que el usuario vive dentro de tu web. Si te interesa profundizar, esta guía lo desarrolla con calma: SXO (Search Experience Optimization).
En escenarios de abundancia, una web puede permitirse ser confusa y aun así vender por pura inercia. Cuando el tráfico cae, la ambigüedad se paga al contado. El titular tiene que decir algo concreto en cinco segundos. Las páginas deben guiar por intención —no por estructura interna—. La confianza no se enuncia: se demuestra con evidencias cercanas al momento de decidir. Y el móvil deja de ser “otra versión” para convertirse en la versión que más importa.
El CRO, visto desde dentro, es menos glamour y más oficio. Es observar embudos paso a paso y encontrar dónde se cae la gente. Es escuchar objeciones reales de clientes y responderlas en el lugar adecuado, con el tono adecuado. Es reducir un formulario sin perder información clave. Es aceptar que a veces la mejor decisión de diseño es quitar, no añadir.
La mayoría de mejoras que mueven la aguja no son épicas. Son concretas. Un ejemplo: cuando el botón principal se mantiene visible en móvil durante todo el scroll, sube la probabilidad de accionar. Cuando el precio total —impuestos, envío, plazos— se entiende antes del último paso, el abandono cae. Cuando explicas “qué pasa después de enviar el formulario” con una frase honesta, la gente envía más formularios. No es magia; es claridad.
También aquí conviene simplificar. La analítica moderna permite registrar casi cualquier cosa, pero el objetivo no es acumular eventos sino tomar decisiones. Seguir el recorrido de un usuario por dispositivo suele descubrir verdades incómodas: la tasa de conversión no se “rompe” en general; se rompe en un paso concreto, en un navegador concreto, con un mensaje concreto. Encontrarlo y arreglarlo genera más impacto que cualquier campaña brillante.
Si tuviera que resumir un camino razonable para los próximos tres meses, sería este: revisar la promesa de la página (¿se entiende a la primera?), limpiar fricciones evidentes en móvil, acercar la prueba social al momento del clic y dar visibilidad a la oferta real —precio, plazos, condiciones—. Con eso como base, empezar a probar cambios de uno en uno y medir su efecto. Sin atajos, sin dramatismos, con constancia.
Quizá no volvamos al manantial infinito de clics baratos. Y no pasa nada. Si la demanda se expresa de otra manera —con menos visitas pero más informadas—, el valor estará en recibirlas mejor. Menos tráfico no es igual a menos negocio si cada visita entiende, confía y decide con menos fricción. Ese es el territorio del CRO y la UX. No compiten con el SEO; lo completan. Y, en tiempos de escasez, son la diferencia entre resistir o crecer.
El tiempo es el recurso más democrático que existe. Todos tenemos la misma cantidad: 24 horas al día, 16 despiertos y 8 durmiendo. Al menos sobre el papel, y siguiendo recomendaciones que seguramente tú tampoco cumples.
Sin embargo, mientras algunas personas logran construir proyectos sólidos, avanzar en su carrera y disfrutar de una vida plena, otras sienten que los días se escapan entre distracciones, tareas sin sentido y una sensación constante de estar ocupados, pero no de ser productivos. De pronto miras el reloj y... ¡sorpresa! Son las ocho de la tarde y no te ha dado tiempo a la mitad de lo que tenías apuntado para hoy.
Séneca, filósofo estoico, lo expresó con claridad hace casi dos mil años:
"No recibimos una vida corta, sino que nos la hacemos; y no somos indigentes de ella, sino dilapidadores.”
Estas palabras siguen teniendo vigencia en el mundo moderno, donde la falta de concentración, la procrastinación y el exceso de estímulos nos hacen perder el control de algo que jamás se recupera: nuestro tiempo.
La gestión del tiempo, por tanto, no es solo una técnica de productividad, sino una habilidad esencial de desarrollo personal y profesional. Y aunque la filosofía estoica ya nos advertía de su importancia, hoy contamos con métodos concretos y comprobados que nos permiten traducir esas ideas en acción.
El enfoque de Séneca sobre la gestión del tiempo es sorprendentemente actual, a pesar de haber sido escrito hace más de 2.000 años. Su obra "De la brevedad de la vida" es una fuente poderosa de sabiduría estoica sobre cómo aprovechar el tiempo de forma consciente y significativa.
Este es el secreto de Séneca para gestionar el tiempo, resumido en cinco puntos clave:
🕰️ 1. El tiempo es nuestro recurso más valioso
Séneca afirma que “No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho”. El problema no es la duración de la vida, sino cómo la usamos. Nos distraemos con trivialidades, compromisos innecesarios y preocupaciones que no nos pertenecen.
¿Qué haces con tu tiempo? ¿Lo aprovechas o lo dejas pasar? Tiene que ver con esa forma de vivir de "la vida son dos días". Realmente, dure lo que dure la vida... haz que cuente. Exprime el limón. Hazte dueño de tu agenda y de tus "síes y noes".
🧘 2. Vivir con propósito
Para Séneca, vivir bien es vivir con intención. Dedicar tiempo a la filosofía, al pensamiento profundo y al crecimiento personal es lo que da sentido a la vida. No se trata de estar ocupado, sino de estar enfocado.
Querido amigo Séneca; Esto suena muy lógico, pero dependerá mucho de tu forma de ser. Si eres reflexivo, te animo a que des este paso. Si eres de los míos, el mero hecho de saber que hay otra forma de vivir, lo considero un aprendizaje en sí mismo. O dicho del mismo modo, que sepáis que si os enfrentáis a esta forma profunda de plantearos cuál es el sentido de vuestra vida, puede ocurrir que no os guste la respuesta o -peor aún- que, gustándoos a la conclusión que hayáis llegado, no podáis llevarla a cabo por pura falta de practicidad.
🛑 3. Evitar la dispersión
El sabio estoico evita que otros le roben el tiempo. Séneca critica a quienes se dejan arrastrar por las demandas sociales, los placeres fugaces o las ambiciones vacías. Aprender a decir “no” es una forma de proteger tu tiempo.
Pura teoría, amigo Séneca. A ti te metía yo en mi despacho un par de días, y luego me cuentas cómo decir que no a determinadas cosas que ocupan horas de un día normal. A la gente de tu equipo o de otros departamentos que entran para preguntarte una cosa, o para compartir contigo algo que acaba de suceder. No siempre somos dueños de nuestro tiempo, porque no vivimos solos y nuestra huella en la vida va más allá de nosotros mismos.
📚 4. Aprender de los grandes
Leer y reflexionar sobre las enseñanzas de filósofos, escritores y pensadores es una forma de extender la vida. Séneca dice que al estudiar sus obras, “añadimos a nuestra vida la de ellos”.
Yo me conformaría con seguir leyendo y disfrutando de ámbitos de la cultura que te hacen felices. En mi caso, libros (este año estoy leyendo más que nunca, y estoy disfrutando de un montón de novelas de diferentes géneros que me están sumando aquí y allí), cine (series incluídas) y música. Llevo un año de conciertos bastante bueno, y de hecho el otro día compramos entradas para el concierto de despedida de Joaquín Sabina, a quién vi en Santander hace décadas y que tenía muchas ganas de volverle a ver subido a un escenario (aunque no sé si será para cantar mucho).
🔄 5. Revisar y reflexionar
La introspección diaria es clave. Séneca aconseja revisar cada día cómo se ha usado el tiempo, qué se ha hecho bien y qué se puede mejorar. Esta práctica ayuda a vivir con mayor conciencia.
Me cuesta hacer seguimiento a mi lista de "to-do's" diarios, así que imagínate llegar a última hora del día y meditar sobre lo ocurrido durante el día o la forma de hacer las cosas mejor. Quizás sea algo que pueda hacerme mejorar como persona, que me ayude a gestionar mi tiempo y el uso que hago del mismo... pero soy de dejarme llevar más que de analizar las cosas hasta el último detalle. Cuestión de personalidad, supongo.
La empresa líder en diseño y producción de eventos, continúa destacando en el sector gracias a la visión innovadora y liderazgo de Roc Aguilera y Toni Fusté. Desde que asumieron la dirección de la compañía en 2007, ambos han transformado este negocio familiar en un referente de creatividad, tecnología y excelencia, destacándose por su capacidad de ofrecer experiencias únicas e inolvidables en todos sus proyectos.
Con más de 70 años de trayectoria, Events comenzó
como un pequeño taller de radios y televisores fundado por Antonio
Fusté Gabarró en 1951. Hoy en día, bajo el liderazgo de Roc y Toni, la
compañía se ha consolidado como una de las principales gestoras de eventos en
España, con proyección internacional, especialmente conocida por su enfoque en
la innovación tecnológica, la creación de experiencias
inmersivas y la personalización total de cada evento.
Una de las claves del éxito de Events ha
sido su compromiso con la innovación tecnológica. Bajo el liderazgo
de Roc Aguilera y Toni Fusté, la empresa ha
integrado herramientas de última generación como sistemas audiovisuales
avanzados, plataformas digitales para eventos híbridos y soluciones
inmersivas en realidad aumentada. Estas innovaciones han permitido a la
empresa ofrecer eventos que no solo cumplen con las expectativas del cliente,
sino que las superan.
“Nuestra misión ha sido siempre crear experiencias
memorables, donde la tecnología y la creatividad trabajen de la mano.
Sabemos que cada evento es una oportunidad para sorprender, para conectar
emocionalmente con los asistentes y para llevar la experiencia a otro nivel”,
afirma Roc Aguilera, directora creativa de Events.
Por su parte, Toni Fusté, director de
operaciones, destaca la importancia de la gestión eficiente y estratégica de
cada evento: “Cada evento, por más creativo que sea, debe estar perfectamente
ejecutado. La tecnología nos da herramientas, pero lo que realmente hace la
diferencia es cómo las usamos para garantizar la mejor experiencia para
nuestros clientes.”
La historia de Events se remonta a la
década de 1950, cuando Antonio Fusté Gabarró fundó Ràdio
Fusté. Con el tiempo, la empresa evolucionó y se diversificó, creando
soluciones avanzadas de sonorización y producción técnica. A través de la visión
estratégica de Roc Aguilera y Toni Fusté, Events dio
un paso más allá al expandir su alcance a la gestión integral de
eventos, convirtiéndose en uno de los jugadores más destacados en el
mercado.
Gracias a su enfoque versátil, Events ha logrado
gestionar con éxito todo tipo de eventos, desde congresos corporativos
internacionales, hasta festivales de música de gran escala, eventos
deportivos de alto nivel, y celebraciones privadas exclusivas.
Esta capacidad de adaptarse a las necesidades de clientes de alto perfil ha
consolidado a la empresa como un socio estratégico confiable para marcas y
artistas internacionales.
Con el futuro en mente, Roc Aguilera y Toni
Fusté están comprometidos con la digitalización total de
la empresa, buscando mejorar la eficiencia de todos los procesos y la interactividad
de los eventos. Además, Events está incorporando iniciativas para hacer sus
proyectos más sostenibles, reduciendo el impacto ambiental de cada
evento, desde la producción hasta la logística.
“Estamos muy enfocados en la sostenibilidad”,
comenta Roc Aguilera. “Es fundamental que podamos crear eventos que
no solo sean memorables para los asistentes, sino que también sean responsables
con el entorno. La industria de los eventos tiene la oportunidad de liderar en
este sentido, y en Events nos aseguramos de estar siempre a la vanguardia de
esta transición.”
A nivel internacional, Events sigue
expandiéndose en mercados claves, con el objetivo de seguir ofreciendo
experiencias de clase mundial a un público global.
Events es una empresa líder en la creación y
producción de eventos, con más de 70 años de experiencia en el sector. Con una
visión innovadora y un equipo altamente capacitado, la compañía se especializa
en la gestión integral de eventos personalizados, utilizando tecnología
avanzada y creatividad para ofrecer experiencias únicas. Desde congresos y
festivales hasta celebraciones privadas exclusivas, Events ha trabajado con
algunas de las marcas más reconocidas del mundo.