01 abril 2022

El Blog del Marketing

Intelectualmente...hablando

 

limite intelectual



Sí, aquí estoy, otra vez. En esta ocasión para hablaros del segundo punto del post primigenio. La verdad es que esta consecución de post dedicados a algo tan increíble como son los límites personales me tiene entusiasmada. ¿Por qué? (Os preguntaréis, o al menos yo lo haría);  pues porque me encanta todo aquello que tiene que ver con la mente, con el control (y autocontrol), con las leyes inherentes a la persona y a la sociedad en la que vivimos.


Soy la clase de chica que disfruta apasionadamene  de un café (o una cerveza) y una buena conversación. Un debate a pecho descubierto, una charla totalmente magnificada, filosófica y profunda…sobre el olor de la lluvia en la carretera, el Mito de la Caverna, los límites o el consumo de un Cayenne y la imposibilidad de entender por qué ese hombre que siempre está repostando delante mía (da igual el día y la hora, aparece como por arte de magia), ha pasado a consumo de gas un Porsche.


Pero no vamos a hablar de él (por lo menos, hoy). Y repitiendo el copia&pega anterior (pásate por aquí si no lo has leído, ¡quizá merezca la pena!)…



<< Límites intelectuales: se refieren a pensamientos e ideas.


El aprecio o menosprecio de una opinión, decisión, creencia o idea, entre otros, es un claro ejemplo de límite intelectual. Puede que se trate de algo complejo, ya que, por lo menos a mí, me cuesta distinguir cuándo estoy simplemente defendiendo un ideal y cuándo estoy “pisando” el del contrario. Y es por eso que siempre voy con pies de plomo. 


Realmente creo que a veces, uno mismo no es consciente de lo fácil que resulta violar la mente de otra persona. Nuestras palabras frente a un debate o discusión, nuestras reacciones verbales o incluso corporales (bienvenidos los que, como yo, sois amantes de la gesticulación exagerada) marcan un antes y un después en nuestro receptor. Y por eso os digo, mesura. 


La palabra, ya sea oral o escrita, es nuestra mejor arma y nuestra mejor defensa, pero debemos ser cautos y saber escuchar y respetar las opiniones de los demás. Además, como todos sabemos “somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras” >>.




Me parece innecesario recalcar lo importante que es el respeto. Y si nos vamos al ámbito intelectual… Más todavía. No quiero decir que sea más importante que el respeto físico, emocional o sexual (entre otros)… Pero sí creo que la “cabeza” es algo muy complicado a lo que es muy fácil hacerle daño. De hecho, la mayoría de las veces, bastamos nosotros mismos (como para que nos ayuden, ¿no creéis?).


No sé si a vosotros os pasa, pero a mí, cuando me hablan de cualquier cosa “intelectual” lo remito inmediatamente a la “inteligencia”. A esa capacidad de razonar distintos conceptos, comprender las cosas y tener cierta velocidad resolutiva. Si en este concepto entra la palabra límite, automáticamente pienso en no dar la talla. No ser "tan" inteligente respecto a… Pues a otra persona, a un canon, a una referencia. Pero nada más lejos de la realidad.


Hoy vengo a hablaros de otro tipo de intelectualidad, otro tipo de respeto, y por lo tanto, de límites.


Todos tenemos claro (espero) lo importante que es poder expresarnos “sin censuras”. No, no te vayas a la política, no hablo de eso. Me refiero a la importancia que tiene poder decir aquello que quieres decir, sin filtro. Desde que te quieres casar, te vas de viaje, te ha tocado la lotería…o que te vas a morir. Nadie te priva de “abrir la boca” y soltar todo aquello que quieras. Y eso es un privilegio. Pero parece que olvidamos que en este mundo, no vivimos solos. Tenemos gente a nuestro lado, personas que nos escuchan, que valoran nuestras ideas, nuestros pensamientos. Gente que respeta nuestras creencias y no nos tacha por ellas. Y aún así… Hay que ver lo egoístas que somos a veces. Lo fácil que es subirnos a nuestra atalaya y desde ahí bombardear a todo aquel que piense de forma distinta a la nuestra. 


Y no te comportas de una forma “novedosa”. En realidad siempre ha habido personas así, que se refugian en sendos “estoy cansado de ceder siempre, de bajar la voz”, por eso luchan y gritan… Como si solo por eso fueran a tener razón; pero ojo, solo a aquellos que considera inferiores o a los que sabe puede manipular o hacer daño.


Me gustaría, con vuestro permiso, retomar el ejemplo del post anterior.


¿Os resumo?; chico conoce a chica, se gustan, se conocen y empiezan a salir…(he sido rápida, ya estamos en el presente). Dicen por ahí que el “amor”, el enamoramiento como tal, tiene fecha de caducidad. En nuestra mano está que dure unas semanas, unos meses e incluso, en el mejor de los casos, dos o tres años. ¿No me crees? Prueba a escribir en google “cuánto dura el enamoramiento”. 


¿Que por qué os cuento esto? Pues veréis…


Creo que esa “hormona del amor” tiene mucho que ver en este tipo de límite. En los inicios de una relación todo es maravilloso. Todo lo que hace o dice tu pareja te parece increíble. Todos sus chistes te hacen gracia, podrías pasarte horas escuchándole hablar o debatir y hasta sus peores defectos parecen más “virtudes” en cualquier situación. C’est l' amour, mes amis. Pero el tiempo pasa y “a todo se acostumbra uno”, incluso a lo bueno. Y eso, unido a la confianza… “hace estragos”. Una mañana te despiertas y te das cuenta de que no te gusta tanto su forma de pensar. Lo que dice no te gusta, no comulga con tu pensamiento, y la grieta aparece. Lejos de desaparecer, cada chiste te parece peor que el anterior, o incluso se repite, y sientes que te aburres. Empiezas a contestar. Juzgas sus pensamientos, sus palabras. Desprecias o ignoras cada idea, cada ilusión. Lo devuelves a la realidad de un plumazo.


¿Os acordáis de Ella?, pues Ella está cansada de escucharle. Y empieza la “lucha”. Lejos de debatir, discute con él. Ridiculiza cada decisión, cada comentario. Intrusivamente se desliza en su mente para hacerle callar. Y al final…uno acaba por romper…o por bajar la cabeza. Deja de hablar, de opinar. Sabe que no le gusta que piense así. Además le ha demostrado más de una vez que Ella tiene razón. Es cuestión de tiempo que esa teórica "libertad de expresión" desaparezca hasta no quedar nada más que una serie de ideas y de pensamientos alienados.


Y no creáis que esto tan solo pasa en las relaciones de pareja, porque ocurre en cada relación humana. Os he puesto un ejemplo más común de lo que creéis (independientemente del sujeto de la pareja que tenga esa actitud), pero las personas cada vez "ocupamos" más, queremos ser escuchados a toda costa... Y las redes sociales facilitan tanto este abuso y traspaso de límite intelectual...

No tenéis más que abrir vuestra plataforma favorita (Facebook, Instagram, Twitter, Tik Tok, Tinder, Twitch...) y ver como cientos (y miles) de personas juzgan a otras. Opinan (no olvidemos que en una opinión se pueden rebasar muchos límites), juzgan, analizan todo aquello que se publica. Y sin ningún tipo de filtro. Como si el receptor del mensaje tuviera la obligación de recibir, leer (o escuchar) y contestar a todas aquellas sombras que ocultas tras una pantalla se atreven a decirle que sus sentimientos, sus ideas o sus opiniones no son correctos, o son menos válidos que los suyos.


La sociedad, vosotros (yo), necesita aprender a ser más asertiva. Es muy importante que nuestra forma de expresarnos, nuestra forma de comunicar una decisión, una opinión, no suene como un mandato o como una verdad absoluta. Debemos aprender a respetar los límites intelectuales; debemos aprender que nuestra libertad acaba donde empieza la de "nuestro vecino". Y que, "por la boca muere el pez".


Sed cuidadosos y medid vuestras palabras, que nunca sabemos lo que lleva por dentro nuestro receptor.


En cualquier caso... este post tan solo es una opinión, y como tal, subjetiva, acerca de los límites que sobrepasamos en nuestro día a día. Si tú tienes otra, ¡estaré encantada de leerte!



1 comentario:

Unknown dijo...

Te echábamos de menos pero las buenas cosas se hacen esperar y lo tuyo es cabeza fina utilizas una de mis frases favoritas somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras y los límites intelectuales los sobrepasados muchas veces porque no tenemos asertividad y en cambio si mucha soberbia creemos ser los más inteligentes que nuestra palabra es ley y los demás son inferiores e incluso idiotas y no saben de nada y esa soberbia se refuerza con el anonimato que proporciona las redes sociales, alguien que yo consideraba muy sabio usaba los dichos populares y en este caso diría "Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces" escuchemos no impongamos y si algo no te gusta oír en vez de enfadarte piensa que tal vez sea porque la verdad ofende y que NADIE está en posesión de la verdad, y somos humanos porque erramos y mucho diría yo aunque bueno "yo solo sé que no sé nada"