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10 de abril de 2007

El valor de las cosas

Muchas veces apreciamos según qué cosas en función del valor que nos cueste, del prestigio que dé o de lo glamouroso que suponga.

Me explico.

Recientemente el Washington Post realizó un experimento muy interesante. Lo que hicieron fue poner a uno de los mejores violinistas del mundo a tocar en el metro de Washington (concretamente en la estación de L’Enfant) durante 45 minutos en plena hora punta.

Querían comprobar si la gente "normal" sabía apreciar la belleza de las obras interpretadas por Joshua Bell. Bell, considerado uno de los mejores violinistas del mundo interpretó obras maestras de Schubert y Bach provisto de su stradivarius "Gibson ex huberman", una pieza única en el mundo.

El resultado fue que pocos usuarios del metro pararon más allá de unos segundos delante del "desconocido" violinista que, por cierto, consiguió una cifra cercana a los 32$ (aproximadamente 25 €) en el tiempo que estuvo tocando. Se calcula que pasaron por delante unas 1000 personas y no más de 30 pararon a escuchar (y menos de un minuto de media).

Los resultados del experimento sorprendieron al Washington Post, que pensaban que la gente se arremolinaría alrededor de Bell, apreciando el talento único de éste. Desde luego no fue así, pero podría apostar a que si la gente supiera que presenciar un concierto de este violinista cuesta más de 100€ y que meses antes de sus actuaciones están agotadas las entradas... otro gallo cantaría.

Esto me da que pensar. Las cosas no valen por sí mismas, sino que valen lo que "el resto" nos hacen creer que valen.

Si quieren experimentos exitosos, que pongan a Agelina Jolie y Brad Pitt en el metro... nos daremos cuenta de lo simple (o compleja) que puede ser en ocasiones la sociedad...
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